Aprovechar el tiempo

La vida de muchos de nosotros tiene bastante de repetitiva: cuando somos niños y vamos al colegio, jóvenes y vamos a la universidad o adultos y vamos a trabajar, son muchos los días que se parecen entre sí. Y son numerosas también las veces que, cuando nos suena el despertador, nos levantamos sin demasiada ilusión, esperando «un día más», de esos que tantas veces pasan sin pena ni gloria.

Tener esa disposición al empezar el día es un error. Un gran error. Porque si nos levantamos esperando que el día que tenemos por delante pase sin pena ni gloria, lo más probable es que el día que pasemos sea, efectivamente, mediocre. Pero el problema de fondo no habrá estado en el día en sí mismo, sino en nuestra actitud.

Es cierto que todos repetimos actividades que se pueden traducir en cierta sensación de monotonía. Y es cierto también que en ocasiones pasamos temporadas complicadas en las que parece que los problemas y las preocupaciones se nos amontonan. Pero sea cual sea nuestra situación, si la vivimos desde una actitud positiva, con ganas de aprovechar el tiempo para lo que de verdad importa, con el deseo de disfrutar, disposición al servicio y ánimo de darlo todo, podemos vivir cada día como algo especial. Como una nueva oportunidad. Porque lo es. ¿Por qué malgastarlo viviéndolo de una manera rutinaria, o egoísta, o llevando cuentas del mal, o desperdiciándolo, o quejándonos sin parar, o pensando en todo lo que no tenemos? Cada día puede y debe ser una oportunidad:

Una oportunidad de conocer mejor a las personas que nos rodean, de interesarnos por ellas, de hacerles la vida más fácil y más bonita, de atenderlas en lo que esté en nuestra mano y, sobre todo, de quererlas. Y, por qué no decirlo, de dejarnos también querer por ellas. Es el amor lo único que da sentido -verdadero sentido- a nuestra vida.

Una oportunidad de dar lo mejor de nosotros mismos en cada cosa que hagamos, por corriente que nos pueda parecer: lo que da valor a las acciones, no son tanto las acciones en sí mismas, como el amor que ponemos en ellas cuando las hacemos.

Una oportunidad de valorar lo mucho que tenemos. Sin dar por hecho que las cosas buenas con las que contamos -salud, familia, amigos, trabajo o talentos- van a estar siempre ahí. Porque muchas de esas cosas no están ahí por nuestros méritos o porque nos las merezcamos. Están ahí porque Dios quiere y mientras Él así lo quiera. Lo sensato es valorarlas como el tesoro que son mientras las tengamos con nosotros. ¿Por qué no vivir desde una actitud de agradecimiento?

Una oportunidad de disfrutar de tantas pequeñas cosas que pasan a nuestro alrededor cada día y que tantísimas veces nos pasan desapercibidas. Porque no tenemos la receptividad, la disposición y las ganas que hacen falta para recibirlas, para apreciarlas y para disfrutarlas. ¿Cómo es posible que tantas personas entre nosotros vivan pensando casi exclusivamente en el próximo fin de semana, las próximas vacaciones o el próximo viaje? Creo que debemos aspirar a disfrutar de la vida siempre. Y a que nuestra vida tenga sentido todos los días de la semana.

Una oportunidad de compartir nuestras cosas con Dios. Porque nuestra relación con Él no debemos reservarla para un ratito los domingos, no. Podemos hacer que Dios participe de nuestra vida cotidiana. Sin necesidad de pedirle nada. Sin necesidad de que pase nada especial. Simplemente compartiéndole nuestras inquietudes, nuestras alegrías o nuestros miedos. Y dejándonos acompañar y cuidar por Él. ¿No es acaso nuestro Padre?

¿Por qué vivir tan solo saliendo del paso? ¿Por qué conformarnos con cubrir el expediente? ¿por qué acostumbrarnos a la mediocridad?. Debemos vivir intensamente y poniendo el corazón en todo. Como supo vivir Jesús.

La imagen es de vIvabalk en pixabay

2 comentarios

  1. ……en las cosas pequeñas, en las personas que nos pasan desapercibidas, ahí tenemos una fuente tremenda de oportunidades

  2. Añadiría como un estímulo importante para vivir intensamente el “afán de conocer”. Cada día se puede subir un peldaño en nuestro conocimiento del mundo en el que vivimos.
    He echado de menos alguna cita de nuestros cuatro amigos Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Espero que no falten la próxima semana.

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