Evangelio apc Mujer mirando al mar

Muchos de nosotros gracias a la Fe creemos que tenemos un Dios Padre en el Cielo que nos quiere mucho más de lo que podemos imaginar – y no precisamente por nuestros méritos – que además todo lo puede y que está deseando ocuparse de nosotros y de nuestras cosas.

Pero algunas de esas personas, aún teniendo Fe, no saben muy bien cómo relacionarse con Él, cómo tratarle. Ni saben que Dios puede formar parte de nuestra vida cotidiana, si nosotros queremos.     

La relación con el Padre, en mi opinión, debemos cultivarla igual que cualquier otra: ¿no nos ocupamos de llamar a nuestros amigos, o a nuestros hermanos o a nuestros padres para charlar con ellos, para estar con ellos, para que nos aconsejen, para contarles nuestras cosas y para que ellos nos cuenten las suyas? Hay un refrán español que dice que «el roce hace el cariño» … y yo la verdad es que lo veo también muy aplicable a la relación con Dios. ¿Por qué no tratarnos habitualmente con Él?

Nos han enseñado algunas oraciones para hablar con Dios. El propio Jesús nos hace una síntesis de cómo conversar con Dios, en el Padre Nuestro, mediante la que nos invita a pedirle que el reino del Cielo comience ya en la tierra, a pedirle que nos de el pan que necesitemos para cada día, a pedirle que nos perdone, a comprometernos con Él a perdonar a quienes nos ofendan y a pedirle también que nos libre de las tentaciones.

Estas oraciones preestablecidas son una magnífica inspiración pero, en mi opinión, nuestro trato con Dios puede – y debe – salirse de ese marco, crecer, evolucionar con el tiempo, adaptarse a nuestra personalidad, a nuestra vida y a nuestro estado de ánimo. ¿O acaso alguno de nosotros cuando hablamos con nuestros padres o con nuestros amigos o confidentes de aquí de la tierra les decimos todos los días lo mismo y con las mismas palabras?, sería un poco absurdo, ¿no? Con el Padre del Cielo pasa igual.

Hay personas a las que les da cierto reparo pedir a Dios por sus pequeñas cosas, porque les parece que con los problemas tan importantes que hay en el mundo sería como “robarle el tiempo”. Podríamos pensar en algo como “¿le voy a andar pidiendo yo a Dios que me eche una mano con este examen, teniendo como tiene asuntos tan gravísimos de los que ocuparse como el de los miles de refugiados que están escapando de Siria jugándose la vida en el mar, o el de las miles de familias que han perdido sus casas y a sus seres queridos en el terremoto de Ecuador?». La respuesta a esa pregunta que podemos hacernos a nosotros mismos es SI. Creo que muchas veces comentemos el error de pensar que Dios es como nosotros, limitado en las capacidades, el tiempo y el espacio. Pero lo cierto es que no lo es: Dios es infinito y puede ocuparse de nuestras cosas pequeñas, medianas y grandes, de las de nuestros vecinos, de las de todos los hombres, y también de los grandes problemas del mundo. Así que podemos dirigirnos a Él con la confianza y la seguridad de que nos va a escuchar y nos va a atender como si nuestras cosas fueran las únicas para Él, porque cada uno de nosotros somos precisamente eso – únicos – para Él. ¿No es acaso cada uno de nuestros hijos único para nosotros?, ¡pues cuánto más lo seremos cada uno de nosotros para nuestro Padre del Cielo!

Jesús nos enseñó a tratar al Padre con confianza. Y así debemos hacerlo, seguros de que siendo Dios el Amor con mayúsculas, va a disfrutar enormemente de que queramos estar con Él y estará encantado de escucharnos, de consolarnos, de disfrutar con nosotros, de reírse con nosotros y de acompañarnos en el dolor también, cuando sea el caso.

Son muchos los pasajes del Evangelio en los que vemos cómo Jesús se retira para estar a solas con Él. Y es muy bueno que nosotros también seamos capaces de sacar esos ratitos «de intimidad» que compartir con Dios, a pesar de esta locura de vida que tantas veces llevamos.

Sin embargo, tengo que confesar que a mí personalmente, lo que más me gusta es involucrar a Dios en las pequeñas grandes cosas de la vida cotidiana, según van surgiendo a lo largo del día, de manera desordenada: “échame una mano con este informe de la oficina, que voy justa para entregarlo”, “que sean buenos los resultados que da hoy el médico a Carmen», «que vaya bien la entrevista de trabajo de Fernando», “que resulte bonita la comunión del cole”, «mil gracias, que te encomendé a los abuelos y han hecho muy buen viaje» … me hace sentir siempre acompañada y respaldada.

La imagen es de cathopic

5 comentarios

  1. Me encanta. Leer este post me llena de paz, alegría y cariño por este Padre que tanto me quiere y tantas ganas tiene de hablar conmigo.

  2. Cuando nosotros nos enfrentamos a las cosas les aplicamos, entra otras, la categoría de la «cantidad» y por eso para nosotros hay cosas pequeñas, medianas, grandes etc. Sin embargo yo creo que Dios no valora las cosas por la «categoría» de la cantidad ni por ninguna otra y que, en consecuencia, para Él todo es igualmente importante.

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