Invitados a salir del mundo
En distintas ocasiones Jesús habla a los suyos del mundo refiriéndose no a la creación sino a la mundanidad: el apego a los placeres, las cosas terrenales o la vida social.
En la Última Cena -ya despidiéndose de sus íntimos- les recordó que había sido Él quien los había elegido. Luego ellos le habían dado su sí, quiero y, con este sí, quiero, y su obrar en consecuencia habían comenzado una andadura que ya no seguía la lógica del mundo sino la lógica del Cielo: ya estaban recorriendo el camino del amor y, de esta manera, habían dejado de ser del mundo.
Ese mismo Jesús, siglos más tarde, también ha salido a nuestro encuentro. También nos ha elegido a nosotros. También nos ha propuesto que le sigamos. Y, en la medida en la que le vayamos dando nuestro sí, quiero y vivamos de manera coherente con esa palabra dada; en la medida en la que vayamos tratando de hacer que sea la lógica del Cielo el faro que nos guíe en las decisiones que vayamos tomando; a nosotros también nos irá sacando del mundo.
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