No dejar de caminar
Muchos de nosotros tenemos claro que queremos hacer vida la doctrina de Jesús. Una doctrina que puede resumirse en algo tan sencillo y tan hondo a la vez como vivir con un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres. Sin fuegos artificiales. Sin necesidad de grandes cosas. Desde lo cotidiano. Desde nuestra vida de todos los días.
En el momento en el que lo tuvimos claro, nos pusimos en camino. A veces avanzamos por él con paso firme. Otras veces vamos más despacio, casi al tran tran. Hay días en los que sentimos que estamos muy cerca de Dios y otros en los que parece que nos cuesta hasta encontrar el camino.
Pero seguimos caminando.
Sin tratar de buscar un lugar en el que acomodarnos y echar raíces pensando que ya hemos llegado. Porque la fe no funciona así. Tampoco el amor.
El camino de la fe y el camino del amor están íntimamente relacionados. Y son eso: caminos. Nos obligan a mantenernos en ruta. A levantarnos cuando tropezamos. A ser conscientes de nuestra fragilidad y a ser conscientes de que siempre tenemos camino por delante.
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