¿Nos molesta que Dios sea bueno?

¿Nos molesta que Dios sea bueno?

Dios tiene tiempos distintos para cada uno de nosotros.

A algunos nos llama en la niñez. A otros en la juventud. A otros cuando ya hemos recorrido buena parte del camino de la vida. Y a otros, incluso, cuando estamos llegando al final.

No nos corresponde a nosotros conocer sus porqués. A nosotros lo que nos corresponde es responderle cuando somos llamados a sus filas. Haciendo uso de nuestra libertad, podemos acudir a su llamada o no hacerlo.

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Vivir de prestado

Vivir de prestado

«Nunca un Patek Philippe es del todo suyo. Suyo es el placer de custodiarlo hasta la siguiente generación»

Hoy abro este post con el eslogan de una campaña publicitaria de una elegantísima marca de relojes. Una campaña que transmite la idea de que sus relojes son de tan alta calidad y tan valiosos, que pasan de generación en generación.

Me encontré con ella casualmente hace unos días y me llevó, derechita, al Evangelio.

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De paso

De paso

Cuando hacemos un viaje cortito, de fin de semana, apenas si llevamos equipaje. Sabemos que estaremos allí de paso y nos basta con meter en la maleta las cuatro cosas que creemos que vamos a necesitar.

Nuestra estancia en este mundo se parece bastante a eso. No sabemos cuánto va a durar. ¿Treinta años? ¿Sesenta? ¿Ochenta? ¿Cien? Solo Dios lo sabe.

Desde que tenemos uso de razón sabemos que el tiempo pasa y que llegará el día en el que ya no estaremos aquí. Y, aunque a veces intentemos mirar para otro lado, es una realidad que se hace cada vez más evidente. La vemos cuando nuestros padres cumplen años, cuando nuestros hijos crecen o cuando nos miramos al espejo y descubrimos que aquel buen día en que teníamos vista de lince quedó ya bastante lejos y ahora necesitamos gafas de vista cansada.

Sabemos que estamos de paso.

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