¿Nos renta el Evangelio?

¿Cuánto nos «renta» el Evangelio?

Últimamente se oye mucho entre nuestros adolescentes y jóvenes la expresión «me renta». Cuando valoran hacer algo, ponen en una balanza lo que les cuesta y lo que obtienen a cambio; si el balance les sale positivo, les «renta» y lo acometen y si ven que no es así, no les «renta» y no siguen adelante.

Esa valoración y ese balance tienen sentido -tanto entre los jóvenes como entre quienes ya no lo somos tanto- cuando compramos un jersey, cuando contratamos un viaje o cuando vamos a un restaurante. Pero es importante que esa lógica no la llevemos a otros terrenos, en los que hay que poner en la balanza intangibles que difícilmente se pueden medir ni comparar con nada.

Y es que no todo en la vida nos tiene que «rentar».

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Apártate de mí, Señor, que soy un pecador

Apártate de mí, Señor, que soy un pecador

Muchos de nosotros conocemos a Jesús y a su Evangelio. Y hemos tomado la firme decisión de hacer del Evangelio nuestra vida. Sin embargo sentimos cómo, una y otra vez, no sólo no avanzamos en el camino del amor, sino que nos estancamos e incluso damos pasos hacia atrás. Continuamos cayendo en miserias que deberíamos tener superadas y nos sentimos muy poco merecedores del amor tan incondicional que nos tiene Dios e indignos de la confianza que deposita en nosotros.

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En la prosperidad y en la adversidad

En la prosperidad y en la adversidad

En la vida de todas las personas se alternan los momentos buenos y los que no lo son tanto.

En ocasiones atravesamos etapas reconocimientos, de fiestas, de alegrías, de sentirnos muy queridos, de saber que nos van bien las cosas. También etapas en las que, sin ser necesariamente ricos, nos sabemos desahogados, no tenemos que andar controlando el detalle de los gastos que tenemos y nos sentimos tranquilos en lo material. En algunos casos el desahogo es grande y nos permite incluso plantearnos disfrutar de algún que otro capricho, ahorrar o invertir.

En otras ocasiones parece que la vida no nos sonríe tanto y nos toca atravesar momentos difíciles, momentos de desesperanza, fracasos, miedos, agobios, preocupaciones o estrés. También etapas adversas en lo económico en las que tenemos que andar mirando con lupa los gastos que tenemos para poder llegar a fin de mes.

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