La frase que da título a este post no es mía: la escribió @jmolaizola hace unos días en un tuit que me resultó muy inspirador, porque es contrario al piensa mal y acertarás con el que nos manejamos habitualmente en la sociedad en la que vivimos. Y ya solamente eso me parece una señal de que está en el buen camino: porque la lógica del mundo y la lógica del Cielo con muchísima frecuencia se contraponen, siendo el egoísmo la brújula del mundo y el amor la brújula del Cielo.

La forma en la que uno analiza el mundo y saca conclusiones sobre lo que pasa a su alrededor son consecuencia de la mirada que tiene, de sus valores, de su forma de vida y de su actitud.

Y así, quien habitualmente flirtea con el egoísmo, el interés, las mentiras, las medias verdades, o las murmuraciones, quien no tiene el corazón y la mirada limpios, tiende a pensar mal del otro. Para eso en España tenemos otro dicho: piensa el ladrón que todos son de su condición.

De la misma manera, quien habitualmente se conduce en la vida con rectitud, honestidad y generosidad, tiende a pensar bien del otro. Y cuando ve un comportamiendo que no parece demasiado honorable tiende incluso a la disculpa, buscando qué haya podido pasar.

Esa es la mirada que le gusta a Dios. Esa es la mirada con la que se acierta a los ojos del Cielo. Aunque quien la tenga pueda ser visto a los ojos del mundo como ingenuo o incluso naif.

Lo mejor del tuit de @jmolaizola creo que está en su aunque te equivoques. Porque invita a la presunción de inocencia.

Dios necesita hijos valientes e hijos astutos, a los que no se les tome el pelo. Pero sobre todo necesita hijos que sean buenos. Como lo fue Jesús, que pasó por la vida haciendo el bien a todos y que no dudó en enfrentarse a los poderosos fariseos cuando fue necesario, aún a sabiendas de que con ello se estaba jugando la vida.

Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas

Mateo 10, 16

Estamos llamados a juzgar y ver la realidad tal cual es. Y a reconocer las malas obras como tales cuando está claro que lo son. Pero cuando no tengamos esa certeza lo adecuado es conceder el beneficio de la duda.

Conviene evitar el juicio rápido del otro y esa crítica fácil que tantas veces lo desprestigia injustamente. Los pequeños gestos, esos miles de pequeños gestos que componen nuestra vida cotidiana, también hablan de nosotros, de lo que somos y de lo que llevamos en el corazón.

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