Evangelio apc Horadez

A día de hoy estamos viendo casos de falta de honradez por todas partes y en todo tipo de sectores e instituciones: los vemos en el mundo de la política, los vemos en el mundo del deporte, los vemos en la casa real, los vemos en el mundo de la cultura, los vemos en el mundo del papel couché y los vemos incluso en el seno de la Iglesia. 

Plagios, titulaciones académicas irregulares, medias verdades, mentiras, fraudes a hacienda, enriquecimientos poco íntegros o traiciones son tan solo algunas de las lindezas con las que nos desayunamos cada día. Son comportamientos poco ejemplares – y en ocasiones incluso delictivos – que cometen personas que tienen un perfil público y que en muchos casos son referentes para nosotros.

Como sus faltas de integridad son aireadas una y mil veces por los medios de comunicación lo cierto es que a todos nos termina quedando esa sensación como de que todo vale. Y ese clima del todo vale sumado a la tradicional picaresca española tiene como resultado lo que estamos viendo a nuestro alrededor: no solo es que la honradez no sea un valor al alza, no; aquí el que no se aprovecha del sistema y de los demás en lo que puede llega incluso a ser visto como un «tontaina».

A muchos de nosotros se nos llena la boca criticando la falta de honradez de algunos de nuestros personajes públicos. Y no nos falta razón. Pero ¿es acaso ejemplar nuestro comportamiento?

En la mayoría de los casos no lo es. Y lo peor es que incluso no somos ni siquiera conscientes de ello; porque hay malas prácticas que están tan sumamente extendidas que por comunes nos parecen normales e incluso correctas:

¿No pirateamos películas?, ¿no pirateamos libros electrónicos?, ¿no pagamos sin factura y sin IVA el trabajo de los pintores o los fontaneros que nos hacen alguna «chapucilla» en casa?, ¿no hacemos trampas para que nuestros hijos entren en los colegios concertados que nos gustan?, ¿no contamos también nosotros medias verdades cuando nos interesa?, ¿no mentimos?, ¿no copiamos en los exámenes?, ¿no decimos en ocasiones una cosa cuando pensamos otra?, ¿no abusamos de los débiles?, ¿no nos inventamos excusas con tal de salirnos con la nuestra?

Y si no somos de fiar en esas pequeñas cosas del día ¿de verdad nos creemos que sí que seríamos de fiar si tuviésemos poder o un cargo público? ¡Por Dios! Más de uno me temo que vemos la paja en el ojo ajeno y no somos capaces de ver la viga en el propio.

Creo que es preciso – y urgente – cambiar esta falta de honradez que ha llegado a convertirse ya en algo cultural.

¿Que uno solo no puede cambiar la cultura de un país? desde luego que no. Pero eso no puede convertirse en una excusa para no hacer nada. Lo que está a nuestro alcance es cambiar nosotros mismos: ¿no queremos los cristianos parecernos a Jesús? Aspiremos a ser honrados, aspiremos a ser rectos, aspiremos a ser coherentes, aspiremos a ser íntegros y aspiremos a ser personas en las que los demás puedan, de verdad, confiar.

Y nos sorprenderá encontrarnos cómo, en la medida en la que cambiemos nosotros, cambia también el entorno que nos rodea. Porque todos tenemos capacidad de influencia entre quienes están a nuestro alrededor. Y que vean en nosotros la integridad, que vean en nosotros una vida coherente y que vean en nosotros un corazón misericordioso, dispuesto a disculpar y perdonar, habitualmente será más eficaz que cualquier cosa que podamos decir: «Predica el Evangelio en todo momento y, cuando sea necesario, utiliza las palabras“ (San Francisco de Asís).

La imagen es de jackmac34 en pixabay

2 comentarios

    1. Marta ,me encanta que nos hagas reflexionar sobre temas tan actuales ,y que nos ayudes a ver la viga de nuestro ojo antes que la paja en el ajeno

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