En aquel tiempo, se acercó a Jesús uno de los escribas y le preguntó: «¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?». Jesús le contestó: «El primero es: ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas’. El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. No existe otro mandamiento mayor que éstos».
Marcos 12, 28 – 31
Cuando aquel escriba se acercó al Maestro a preguntarle por el primero de todos los mandamientos, Jesús comenzó su respuesta con una expresión singular: «Escucha, Israel».
Posiblemente buscaba con esas palabras captar plenamente su atención y hacer notar la importancia de lo que iba a decir a continuación.
Es una expresión, creo yo, con la que Jesús nos vuelve a interpelar hoy a nosotros, siglos más tarde. Porque son muchas las veces que desde el Cielo nos buscan y nosotros no estamos receptivos.
Algunos de nosotros vivimos una vida tan centrada en nosotros mismos, en nuestro bienestar y en el de nuestras familias, que no damos cabida a Dios más que un ratito los domingos en el mejor de los casos. Con ese ratito cumplimos y después volvemos a una vida acomodada, sin complicaciones, en la que no queremos saber demasiado ni de Dios ni de los problemas de quienes van pasando a nuestro lado en el camino de la vida.
Otros no escuchamos porque nuestro estilo de vida nos lo impide: trabajos con jornadas de sol a sol o agendas imposibles nos hacen ir acelerados desde que nos levantamos bien temprano por la mañana hasta que nos vamos, agotados, a dormir. Y cuando se está acelerado se hace muy difícil -al menos a mí- estar receptivo a las cosas del Cielo o estar atento a los matices de las pequeñas grandes cosas que ocurren a nuestro alrededor. Porque para percibir los detalles o para poder escuchar activamente hace falta paz interior. Una paz interior que es incompatible con el estrés.
También hay ocasiones en las que no queremos escuchar y nos tapamos los oídos. Porque escuchar lo que desde el Cielo quieren de nosotros tiene que tener, necesariamente, consecuencias en nuestra vida. Y presentimos que, si escuchamos, nos pueden pedir sacar de nuestra vida hábitos o compañías a las que no estamos dispuestos a renunciar; o nos pueden pedir vivir con un nivel de compromiso que nos da miedo o vértigo asumir.
Sea lo que sea, conviene muy mucho que no nos engañemos a nosotros mismos y que no nos perdamos en ese laberinto de excusas al que somos a veces tan aficionados. Conviene que nos centremos cuanto antes en lo único que de verdad importa, tratando de dejar a un lado tantas y tantas cosas que, sin ser necesariamente malas, nos apartan de lo esencial.
Después de la expresión escucha, Israel Jesús nos da, en una única frase, el perfecto resúmen de su doctrina. Una doctrina que nos invita a vivir desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres, nuestros hermanos. Así de sencillo y así de profundo a la vez. No hay más. Ni menos.
La imagen es de sweetlouise en pixabay
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