A quienes tenemos Fe, en ocasiones nos asaltan dudas. Esto forma parte de la vida espiritual, en la que se alternan las etapas de seguridad y las de dudas, de la misma manera que en la vida ordinaria se alternan las etapas de triunfos, en las que parece que la vida nos sonríe, y las etapas en las que abundan los días grises, días de rutina o días de fracasos.

Las etapas de dudas están ahí y van a seguir estando siempre. Porque la Fe se alimenta de dudas y hacerse preguntas es necesario en el crecimiento espiritual.

Lo importante, creo yo, es cómo reaccionamos cuando esas dudas se presentan en nuestra vida.

En las etapas de dudas podemos optar por tirar la toalla. Cuando esas etapas nos cogen en momentos vitales en los que no estamos fuertes, o se alargan demasiado en el tiempo, lo cierto es que podemos llegar a valorar la opción de tirar la toalla y dejarnos arrastrar por la corriente de la sociedad que nos rodea, que nos invita a vivir al día, sin complicarnos demasiado y sin más dios que nosotros mismos, con nuestras necesidades, nuestras ambiciones y nuestros deseos. Es lo más fácil y lo más cómodo. Y siempre podremos encontrar mil y una excusas para elegirlo como opción.

En las etapas de dudas podemos optar por pedir señales a Dios para creer. Como hizo Santo Tomás cuando, incrédulo, dijo si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré. Santo Tomás tuvo el privilegio de ver una semana más tarde a Jesús e incluso tuvo también la oportunidad de meter el dedo en el agujero de sus manos y meter su mano en el costado de su Maestro.

En el marco de ese encuentro, ese Maestro dejó una última bienaventuranza a sus apóstoles y a todos los que más adelante leeríamos su Evangelio: Dichosos los que no han visto y han creído. Porque a nosotros, habitualmente, no se nos darán señales. A nosotros se nos invita a creer para ver. Y será creyendo como veremos la mano del Cielo en las pequeñas grandes cosas de la vida cotidiana. Y entenderemos que todo tiene sentido.

En las etapas de dudas podemos elegir perseverar y regalar a Dios nuestra Fe. Y tratar de seguir avanzando en el camino del amor a pesar de nuestra oscuridad, esperando a que un día Dios nos regale la luz que nos falta. Confiando como niños que todo lo esperan de su Padre. Y cuando ese día llegue, además de con nuestras respuestas, nos encontraremos con el regalo de haber subido un escalón en la vida espiritual.

Podemos elegir creer. Creer es siempre una opción y es, también, una forma de vivir. Porque creer transforma la mirada, transforma las prioridades y despierta el deseo de querer vivir desde el compromiso con el mundo, el compromiso con las personas y el compromiso con el Evangelio.

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