Evangelio apc Biblia con vela y salero

La sal es un ingrediente que todos conocemos y todos utilizamos para cocinar. Es baratísima y tan pequeña que parece insignificante pero lo cierto es que es fundamental en la cocina: un guiso, por buena que sea la materia prima con la que esté hecho y por buena que sea la receta que estemos siguiendo, si no tiene sal, parece que no sabe a nada. Ese mismo guiso, con tan solo un pellizco de sal, se transforma por completo, adquiriendo con él la comida como por arte de magia todo su sabor.

Hay una frase de Jesús muy conocida, en la que nos dice «Vosotros sois la sal de la tierra» (Evangelio Mateo 5, 13)

Y con ella nos invita a los cristianos a que seamos como la sal. Pero ¿qué es exactamente lo que nos quiere decir con eso?     

Durante sus tres años de vida pública, Jesús insistió una y otra vez en que debemos pasar por la vida amando a los demás, estando siempre a su servicio.

Esto, necesariamente tiene que traducirse es en obras. Y más allá de las obras en sí mismas, que desde luego son importantes, aún lo es más que las hagamos desde el cariño y que tengamos esa disposición a tratar de poner siempre lo mejor de nosotros mismos en cada una de esas pequeñas y grandes acciones de las que se compone nuestra vida cotidiana.

Quien vive así, con ese hábito, con esa disposición permanente a dar lo mejor de si mismo en cada cosa que haga, ese es «sal de la tierra»: 

En una oficina, por ejemplo, la persona que es «sal» es esa persona que siempre está dispuesta a cubrir a los compañeros donde ellos no lleguen, que siempre atiende sin prisa y hasta con cariño a los clientes, que se lleva trabajo a casa o se queda en la oficina fuera de horario siempre que hay picos, que jamás echa por tierra el trabajo de los demás, en la que se puede confiar y con la que da gusto trabajar en equipo porque todo lo facilita.

En un grupo de amigos, igualmente, la persona que es «sal» es esa que siempre está dispuesta a echar una mano, que nunca critica porque sí, que se desvive con todos, que jamás cuenta un secreto de otro y que habitualmente está de buen humor.

Así podríamos seguir con otros muchos ejemplos.

¿Qué es lo que pasa cuando una de estas personas «sal» forma parte del equipo de trabajo de una oficina, de un grupo de amigos, de una comunidad de vecinos, de un grupo compañeros de clase, o de cualquier otro colectivo?

Pues que igual que un guiso se transforma, adquiriendo gracias a la sal todo su sabor, los entornos en los que se mueven estas personas que son «sal» también se suelen transformar. Porque estas personas serviciales y confiables generan alrededor de ellas un clima que facilita enormemente que quienes forman parte de ese de ese entorno entren en la misma dinámica. No siempre ocurre, bien es verdad, porque en la libertad de las demás está el entrar en ella o no hacerlo, pero es fácil que sí que ocurra.

Ser «sal» implica tener esa buena disposición y esa clara tendencia al servicio. Actitud que, por cierto, no es exclusiva del creyente: tan «sal» puede ser una persona oficialmente creyente como una persona oficialmente atea.

Pero es especialmente importante que quienes nos confesamos cristianos delante de los demás, si no llegamos por el momento a ser «sal», al menos no demos un anti testimonio con nuestra forma de comportarnos en la vida, que haga que quienes nos conozcan no quieran profesar nuestra Fe.

La imagen es de congerdesign en pixabay

6 comentarios

  1. Poner sal en la comida la hace apetecible. Poner Sal en nuestro diario vivir mejora nuestro entorno, y nos sentimos felices. Gracias Marta el comentario es precioso

  2. Todo es Gracia. Nuestra capacidad de darnos y de servir, es puro don de Dios. No reconocer esto, nos lleva a la vanidad y al activismo: comida salada, incomible, q no agrada a Dios.

  3. «Quiero ser sal» podría ser un buen lema para usarlo en los medios y en las redes sociales. Si tenemos en cuenta que la vida nació en el mar, este lema sería una perfecta fusión entre la realidad y la metáfora, pues su desarrollo completo diría lo siguiente: «Pues la sal me dio la vida (en sentido real), quiero ser sal (en el sentido de san Mateo)».

  4. Siii, ser sal, que importante y necesario en estos tiempos de prisas…se nota cuando a nuestro alrededor hay personas que son sal, y YO QUIERO SER SAL.
    Gracias Marta por estos edificantes comentarios.
    un abrazo

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