Evangelio apc Mano con arena

«Si hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, no sería más que un metal que resuena o un címbalo que aturde.

Si tuviera  el don de la profecía y conociera todos los secretos y todo el saber; si tuviera fe como para mover montañas, pero no tengo amor, no sería nada.

Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría« (Corintios 13,1-3).       

Sabemos que Jesús sintetiza todo su mensaje en que hagamos con los demás lo que nos gustaría que ellos hicieran con nosotros. Invitación que necesariamente tenemos que traducir en obras. Esas obras unas veces serán ayudas, otras serán consejos, será dinero, serán consuelos, será escuchar, será acompañar, será … en cada caso lo que sea necesario.

El matiz que pone en valor San Pablo con estas palabras creo que es importantísimo: nos hace ver que esas obras, además, han de ser hechas con amor – «Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría» –

¿En qué podemos traducir esto?

En que lo que da valor a las acciones, no son tanto las acciones en sí mismas, como el amor que ponemos en ellas cuando las hacemos: hay diferencia entre quien hace una acción en favor de otro porque le parece que es lo que debe hacer y quien hace esa misma acción porque quiere a ese mismo «otro».

Si a la luz de esta idea reflexionamos sobre nuestras vidas y sobre cómo podríamos tratar de ser mejores, “más de Dios”, llegaremos a la conclusión de que no tenemos que hacer grandes cosas: basta con que vayamos poniendo cada vez más amor y más cariño en cada una de esas pequeñas o grandes acciones de las que se compone nuestra vida cotidiana: trabajo, quehaceres domésticos, obligaciones familiares, descanso …

Algunas personas serán llamadas por Dios a esas «grandes cosas», claro que sí, pero la mayoría seremos llamados es a vivir esa sobrenaturalidad desde lo cotidiano.

En mi opinión, el reto es que lleguemos a convertir esa disposición a tratar de poner lo mejor de nosotros mismos en cada cosa que hagamos, en un hábito. Que se convierta en nuestra forma de pasar por la vida y que nos acompañe siempre.

Para terminar esta reflexión escribo los versículos (4-7), continuación de los que recogí al principio de este post, porque no tienen desperdicio:

«El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.»

La imagen es de Myriams-Fotos en pixabay

8 comentarios

  1. Te sigo todas las semanas con cariño y admiración. Que alegría que haya personas como tu que hablen tan claro y que como tu dices hagan de lo sobrenatural algo tan natural, como es hacer el bien a los demás.

  2. Que bello lo dices, que bello vivirlo, que grandeza encierran los libros sagrados para andar por casa y por la vida en el camino que lleva a la Plenitud.

  3. Marta es una delicia acompañar el desayuno de domingo con un buen café y la lectura de tu blog.
    Me ha encantado tu post de hoy. Fue el Evangelio que JL y yo escogimos el día de nuestra boda( como la mayoría de los matrimonios, supongo) porque San Pablo explica lo que es el Amor y como hacer en el día a día. Hoy lo clarificas todavía más de una manera sencilla con tu personal enfoque, y nos ayudas a recordarlo y tenerlo presente. Gracias!!!

  4. Es hermoso ver cómo el amor que se pone en una obra pequeña puede engrandecerla, y cómo esto hay que valorarlo en una doble dirección:
    -Cuando nosotros hacemos algo en favor de otros.
    -Cuando recibimos algo que otros hacen por nosotros.

  5. El catecismo enseña* q si no tenemos claro q todo es Gracia, es decir, q el amor nos viene de Dios, que Él es la fuente del amor y que sin Él nada podemos… es muy-muy fácil caer en la soberbia.
    Si hacemos el bien y creemos q somos nosotros, con nuestras propias fuerzas y nuestros propios méritos… quienes lo hacemos… ya estamos ensuciando nuestro corazón de soberbia: el enemigo se nos cuela para hacernos creer q «somos los más buenos» o «somos los q más amamos».
    El remedio santo para hacer el bien sin caer en la soberbia es hacer el bien (o sea, amar al prójimo) por amor a Dios. Que Dios, sólo Dios! sea nuestro público. Y si alguien nos ve amando, que tengamos bien claro que amamos por Su Gracia, porque Dios nos lo ha permitido, y sea para ÉL toda la Gloria y el Honor!!… TODO ES GRACIA! Y nosotros somos mendigos de su Gracia.

    Caridad* (definición según catecismo): virtud sobrenatural por la q amamos a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios.

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