Cuando hablamos de buenismo, nos referimos a conductas basadas en la creencia de que gran parte de los problemas pueden resolverse a través del diálogo, la solidaridad y la tolerancia, aún cuando dichas prácticas no sean posibles. Es un planteamiento que se manifiesta de forma bienintencionada pero ingenua, que está basado en un sentimentalismo carente de autocrítica hacia los resultados reales*.

Ese buenismo, que tan extendido está en nuestra sociedad, está bastante lejos de la bondad con la que nos invitan a vivir desde el Cielo.

Porque mientras el buenismo pretende resolver los problemas siempre a golpe de diálogo, solidaridad y tolerancia, la bondad sabe bien que esto en muchas ocasiones no es posible y actúa en consecuencia.

La bondad no es ingenua. Ni naif. Es más bien realista y práctica. Y, cuando el diálogo no es viable, busca vías alternativas para resolverlos, porque sabe bien que los problemas que no se enfrentan adecuadamente, lo normal es que se vayan haciendo cada vez más grandes. Tampoco espera a que los resuelvan otros; es partidaria, más bien, de remangarse y trabajar. Siempre del lado del más vulnerable. Siempre del lado del Cielo.

La bondad habitualmente lleva a pensar bien del otro. Pero no es tonta, ni blandita, ni se deja tomar el pelo. Es más bien astuta, como lo fue Jesús, ve venir de lejos la mala intención, se pone en guardia y evita el abuso.

La bondad es brava cuando conviene serlo. Como lo es la gallina cuando le tocan a uno de sus polluelos, aunque su naturaleza sea más bien huidiza. Como lo fue Jesús cuando sacó un látigo al ver que los mercaderes habían convertido el templo -la casa de su Padre- en una cueva de ladrones.

La bondad no busca la propia seguridad. Más bien busca la justicia, aunque ella pueda quedar en una situación no demasiado favorable. Como tantas veces hizo el Maestro enfrentándose a pecho descubierto, y de manera muy dura, a esos poderosísimos fariseos que terminarían clavándolo en una cruz.

La bondad no busca llevarse bien con todos, ni caerles bien. Cuando se tiene un criterio claro y se busca una paz bien entendida, tratar de quedar bien con todos no es ni posible, ni necesario ni conveniente. Buenos y malos vivimos, mezclados, en el mundo y lo que sí que resulta conveniente es que quienes son, de verdad, buenos, hagan visible con sus decisiones y su estilo de vida, lo que es correcto y lo que no lo es. De esta manera podrán ser luz para quienes quieren ser mejores y pondrán en evidencia a quienes actúan mal, aunque se revuelvan.

Mientras que al buenismo le importa que las vías para enfrentarse a los problemas sean la solidaridad, el diálogo y la tolerancia (una tolerancia, por cierto, no siempre bien entendida), a la bondad le importan los resultados: lo que de verdad le interesa es que los problemas queden resueltos y que quien lo necesita quede atendido.

Jesús vino a enseñarnos a vivir desde el amor. Desde el amor a Dios y el amor a los hombres. Desde la generosidad y desde la bondad. Sin tratar de hacer compatibles los criterios del Cielo con los valores del mundo. Sin disfraces.

*La definción de buenismo está sacada de la wikipedia

La imagen es de sweetlouise en pixabay

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