Muchos de nosotros tratamos de llevar una vida alineada con los valores del Evangelio. Nos esforzamos para intentar hacer compatible la propuesta de vida que nos trajo Jesús con los valores y las costumbres de la sociedad que nos rodea y nos desesperamos cuando comprobamos, una y otra vez, que no es posible. Por eso Jesús nos invita a salir del mundo: nos invita a continuar viviendo en el mundo pero sin llevar una vida mundana.

Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo: «Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo». 

Evangelio Juan 17, 14 – 18

Jesús pronuncia estas palabras en la noche de la Última Cena, sabiendo lo que estaba a punto de desencadenarse. Reza a Dios Padre y le pide por los suyos, por su rebaño, por los que le encomendó muy especialmente. Y le pide que los cuide ahora que Él ya no va a poder continuar haciéndolo en la forma en la que lo había venido haciendo durante los años en los que había estado conviviendo con ellos y cuidando de ellos.

Jesús fue durante su vida en la tierra un fiel reflejo del mismísimo Dios Padre. Llevó una vida sencilla, rural, de familia durante sus 30 primeros años y tuvo después una etapa de tres años en la que pasó los días predicando y atendiendo a aquellos que le iban saliendo al encuentro. Y tan bueno fue en una etapa como en la otra, porque lo que siempre marcó su vida es que la vivió desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres.

Siendo bueno hasta el extremo, teniendo entrañas de misericordia y llevando una vida coherente desde el primer día hasta el último, no fue admirado por todos. Ni mucho menos. Tuvo grandísimos enemigos que, envidiosos, terminaron con su vida clavándolo en una cruz.

Vivió en el mundo, como nosotros. Pero no vivió una vida mundana. No se dejó arrastrar por los valores que dominaban entonces en la sociedad, no se vendió frente a los poderosos, y se rodeó preferentemente de gente sencilla y de aquellos que la sociedad había ido dejando al margen. Vivió de manera valiente y libre y, sin importarle ni mucho ni poco el qué dirán, siempre antepuso el bien del hombre a las costumbres y leyes que regían la sociedad de entonces. Supo vivir en el mundo fuera del mundo.

Y eso que hizo él es lo mismo que nos pide hoy a quienes quieren ser de los suyos.

Jesús no aparta a los suyos del resto. Los quiere integrados en la sociedad, de la misma manera que conviven, mezclados, el trigo y la cizaña en el campo. Es en la sociedad donde está «la mies» y es en ella donde llama a florecer a los suyos. Pero sin dejarse arrastrar ni por los valores, ni por las modas, ni por los criterios del mundo. Siendo valientes, como fue él.

Nosotros, si seguimos sus pasos, tampoco seremos ni alabados ni admirados por todos. Más bien tendremos quienes nos quieran mal, tendremos detractores y tendremos incluso enemigos. Y será así porque los valores del cielo y los de la tierra no están en absoluto alineados. Y bien sabemos que no se puede servir a dos señores.

Es más,… si en algún momento de nuestra vida nos sabemos triunfadores y alabados por todos, debemos de mirar hacia adentro, porque es seguro que algo no estaremos haciendo bien.

No debemos tener miedo a cambiar de vida y a comenzar, si no lo hemos hecho aún, a vivir contracorriente. Nos llevaremos disgustos, claro que sí, pero nos compensará con creces. Sabemos que desde el Cielo nos estarán cuidando.

La imagen es de dinax en cathopic

2 comentarios

  1. Vivir en el mundo pero sin el mundo, difícil equilibrio porque el día a día es el mundo. En una comunidad contemplativa es más fácil, pero los que estamos rodeados de acontecimientos, cosas, palabrerías etc. lo tenemos mas cuesta arriba.

    1. No se trata de vivir sin el mundo, se trata de no ser de el.
      Si dejamos a Cristo vivir en nosotros, la carga será suave y el yugo ligero.
      Solo tenemos que coger la cruz y seguirlo.

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