El victimismo es esa tendencia que tienen algunas personas a regodearse en el lamento, simulando una agresión o un menoscabo que en realidad no existe. Es una actitud que está tremendamente extendida en nuestra sociedad; convivimos con ella y nos parece que debemos respetarla e incluso aceptarla, pero lo cierto es que es inadmisible:

Porque supone la simulación de algo que no es verdad. El victimista es el que se disfraza de víctima, consciente o inconscientemente, pero en realidad no lo es. Tiene una actitud hipócrita, que busca proyectar una imagen que no se ajusta a su realidad, engañando así a las personas que le rodean para buscar su compasión.

Porque responsabiliza al entorno o a los demás de lo que le pasa. Y quien no se siente responsable de los problemas, tampoco suele sentir la necesidad de remangarse y ponerse a trabajar para solucionarlos. Más bien tratará de que sean otros los que hagan el trabajo por él y le resuelvan sus asuntos.

Porque anula a la persona para hacer autocrítica. ¿Qué autocrítica va a hacer el que hace ver -y que incluso se llega a creer- que la culpa de sus problemas siempre la tiene el de al lado o la sociedad, que son los que le maltratan? El victimista, habitualmente vive en un laberinto de excusas, encantado de haberse conocido y difícilmente mejora.

Porque el victimismo es uno de los pilares de la queja. Y entrar en la cultura de la queja sistemática es realmente peligroso: porque nos ensucia el corazón, nos desanima, contamina a quienes nos rodean y genera una nube de negativismo a nuestro alrededor que puede llegar a resultar demoledora.

Esa actitud victimista nada tiene que ver con la actitud que Jesús nos propone adoptar como estilo de vida:

Jesús nos propone ir de frente y con la verdad por delante. Sin piruetas. Sin esas medias verdades que dan a entender distintas cosas según nos convenga y que tan comunes son entre nosotros.

El cristiano no ha de buscar la compasión del otro. No. Más bien ha de mostrarse cercano a su prójimo y empatizar con él. Viviendo como propias sus alegrías y sintiendo también como propias sus penas.

Jesús nos propone que nos remanguemos y nos pongamos a trabajar tratando de buscar soluciones para nuestros problemas y los problemas de las personas que nos rodean. Para eso nos regalaron desde el Cielo los talentos que cada uno tenemos. Y nos propone hacer frente a los problemas de la mano de ese Dios que, sobre todo, es Padre y que está deseando echarnos una mano.

Hacer balance, hacer autocrítica, y desde la humildad aprender de nuestros aciertos y también de nuestros errores ha de ser parte de nuestro día a día. Y también también pedir perdón cuando llega el caso. Perdón a las personas a las que podamos ofender y también a Dios.

Jesús nos invita a vivir desde la generosidad, facilitando la vida de las personas que nos rodean, en la medida en la que está en nuestra mano. Nos invita a compartir nuestros bienes materiales, nuestro tiempo, nuestros talentos. Y nos invita también a regalar nuestro perdón sin llevar la cuenta de las ofensas recibidas y, por supuesto, sin airearlas.

La imagen es de Hans en pixabay

2 comentarios

  1. La elección del victimismo entre otras opciones que dejamos de lado, no solo suele ser la peor en ese momento, sino que también nos empuja hacia un camino que nos lleva a la pérdida total de nuestra autoestima y a la pérdida del reconocimiento que deseamos de los demás.

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