¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero?
Evangelio Marcos 4, 21 – 25
Decía Jesús al gentío: «¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en el candelero? No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga». Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».
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Vosotros sois la luz del mundo

En el mundo occidental y en particular en las grandes ciudades es fácil que vivamos inmersos en una vida bastante competitiva e individualista en la que no queda apenas tiempo ni para Dios ni para los demás. Y son muchas las personas que sienten «como que les falta algo» a lo que ni siquiera saben ponerle nombre. Ese «algo» que les falta es dotar de sentido a la vida. Tratan de llenar ese vacío refugiándose hoy en unas cosas y mañana en otras y siguen perdidas, porque buscan donde no está lo que necesitan.
Así se nos medirá

Cuando Dios nos valore las reglas serán otras. Nos medirá con la medida que nosotros hayamos medido a los demás a lo largo de nuestra vida: Dios será comprensivo con aquellos que fueron comprensivos, será generoso con aquellos que fueron generosos y será misericordioso con aquellos que fueron misericordiosos. Por el contrario será extremadamente riguroso con quienes fueron extremadamente rigurosos, no perdonará a quienes no perdonaron y no tendrá piedad con quienes no tuvieron piedad de sus hijos. Y ese criterio es el que es realmente justo; es algo que sería a todas luces imposible de implantar aquí en la tierra como sistema de medida, pero que sí que es posible para Dios.
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