En ocasiones nos referimos a la institución de la familia con el término iglesia doméstica. Y, en mi opinión, es un término muy adecuado. Porque lo cierto es que la familia es una iglesia pequeñita, una iglesia de andar por casa, el entorno en el que aprendemos lo que es el amor incondicional y nuestro hogar; un hogar llamado a dar calor también a otras personas que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida.
La familia es el espacio más nuestro, el que más condiciona lo que somos, nuestros valores y la forma en la que miramos el mundo. Habitualmente es también nuestro refugio, el lugar en el que nos sentimos más seguros, por muchas tempestades que pueda haber alrededor.
Es la familia también, sin duda, el pilar en el que se sustenta nuestra sociedad. Ha jugado un papel clave en la historia de la humanidad y siempre lo jugará.
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