Effetá
Es fácil que las responsabilidades, las tareas y las ocupaciones que todos tenemos terminen atrapándonos y ocupándonos prácticamente el día entero, sin dejarnos apenas tiempo ni para los demás ni para Dios. Y así, y casi sin que nos demos cuenta, podemos pasar días, semanas, e incluso años, desperdiciando un tiempo precioso que bien podríamos haber ocupado mejor de haber sabido parar y escuchar a Dios. ¿Por qué no dejar que abra nuestros oídos y nuestro corazón?
Leer más