No perder la perspectiva
Quienes somos cristianos y queremos hacer vida el Evangelio sabemos bien que estamos llamados a vivir desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres, nuestros hermanos. Algo que se ha de hacer visible cada día en la forma en la que nos conducimos, en la forma en la que nos comportamos con los demás o en las decisiones que vamos tomando. Tanto las grandes decisiones como esas otras pequeñas decisiones, más propias del día a día.
Pero vivir en este mundo nuestro con los valores del Cielo, resulta a veces complicado. Porque el mundo arrastra en la dirección contraria. Y, cuando no estamos bien anclados al Evangelio, es fácil que perdamos el equilibrio y que terminemos dejándonos arrastrar por la lógica del mundo, que conduce sin remedio hacia el consumo sin sentido, el egoísmo o el deseo de querer ocupar los primeros puestos.
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