Por alguna razón que a mí se me escapa un poco, Dios ha elegido necesitarnos: ha elegido actuar en el mundo a través de sus hijos.

Ese Dios que es todopoderoso y que, como tal, está en disposición de hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera, quiere que hagamos equipo con Él y nos invita a que nosotros -con nuestros talentos y también con nuestras muchas miserias y limitaciones- seamos sus manos en nuestro paso por este mundo.

Si vamos, de verdad, con Dios, nuestra pequeñez unida a su grandeza será grande y hará grandes cosas a través de nosotros incluso desde desde lo cotidiano, desde lo que es aparentemente poco relevante. Y quienes van pasando a nuestro lado en el camino de la vida sabrán del Padre. Y nosotros iremos avanzando en el camino del amor e iremos siendo cada vez más del Cielo.

Todo un honor y toda una responsabilidad. Pero nos lo tenemos que creer. Y tenemos que ponernos en marcha.

Jesús invitó a quienes quisieron escucharle a comportarse con los demás como querían que se comportasen con ellos:

«Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas« 

Evangelio Mateo 7, 12

Y aún los invitó a dar un paso más, viviendo desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres. Porque no basta con hacer buenas obras: lo más importante de lo que hacemos es el amor que ponemos en nuestras acciones, por irrelevantes que puedan parecer.

Tras su muerte y resurrección invitó también a sus apóstoles, nada más y nada menos que a llevar el Evangelio por el mundo entero.

Y si todas aquellas invitaciones quedaron recogidas en su Evangelio fue para que nosotros, que hemos venido al mundo siglos después, también nos sintiésemos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo.

Estamos a punto de estrenar un nuevo año. Muchos de nosotros, con ese motivo, nos hacemos buenos propósitos: propósito de dejar de fumar, propósito de hacer algo más de deporte, propósito de mejorar nuestras actitudes o propósito de cuidar más y mejor de quienes nos rodean.

Recordemos que Dios ha elegido necesitarnos y hagamos el firme propósito de estar disponibles para lo que pueda ir requiriendo de nosotros. Hagamos, de verdad, equipo con Él.

Tenemos por delante un precioso cuaderno por estrenar con todas sus hojas aún en blanco, listas para ser escritas. Aprovechémoslo.

«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies»

Evangelio Mateo 9, 37 – 38

1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.