Evangelio apc Cinco corazones con pinzas

Jesús resume de una manera muy sencilla su doctrina en el amor a Dios y el amor al prójimo.  Y junta dos preceptos, aparentemente distintos, en uno solo.

Los fariseos, al oír que había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». El le dijo: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se sostiene toda la Ley y los Profetas» (Evangelio Mateo 22, 34-40).

¿Por qué si le preguntan por el primer mandamiento, responde Jesús con el primero y el segundo?, ¿por qué junta el amor a Dios y a los hombres como si fueran una sola cosa?.

Pues porque, aunque lo primero es amar a Dios, ese amor como se ejercita, como se concreta, como se hace efectivo, no es a través de cultos, sino amando a Sus hijos: atendiendo a nuestros prójimos.

¿Qué madre o padre de aquí de la tierra no entiende eso?, ¿acaso cualquiera de nosotros no sentimos como hecho a nosotros mismos tanto el daño como las atenciones o los afectos que otras personas tienen con nuestros hijos?. Pues esto mismo ocurre con Dios Padre, aunque en mayor medida, porque ama más. Muchísimo más.

Y sobre cómo o cuánto debemos de amar nosotros a esos prójimos que nos rodean nos pone Jesús un listón que nos es muy fácil de entender: «como a nosotros mismos«. Expresión que recuerda a la de la regla de oro:  «Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella».

Así que resulta que para vivir amando a Dios – cosa que en un principio podemos tener la impresión de que es algo que no sabemos muy bien cómo hacer o que nos queda grande, o que queda lejos de nuestra realidad – basta, nuevamente, con que tratemos de vivir desde el amor a los demás todas esas pequeñas y grandes actividades que conforman nuestra vida cotidiana.

Al hilo de este tema el Padre Ayúcar decía una frase muy didáctica que rescato para cerrar este post:

«el sitio más seguro para dar un beso a Dios es la mejilla del prójimo»

La imagen es de WerbeFabrik en pixabay

6 comentarios

  1. No se puede pedir mayor concreción con tanta profundidad. Enhorabuena, Marta, aciertas de nuevo. Saber dar en el clavo!! Gracias mil!! Nete

  2. Si es cierto que el amor a Dios «se ejercita atendiendo a los demás», también lo es que existe otra forma de ejercitarlo, que es hacerlo por medio de la vida contemplativa conforme, solo, al primer mandamiento, pues para un ser creado no hay mayor satisfacción que amar a su creador con todo su corazón, con toda su alma y con toda su mente.

    1. La frase del Padre Ayucar resumen perfectamente ese primer mandamiento. Además creo que Dios, en su infinita bondad y generosidad, nos dice que amar a nuestro prójimo es tanto como amarlo a El mismo.

  3. El amor al prójimo q nace de nuestras fuerzas es bastante débil. Nuestro amar es, aunque no seamos conscientes de ello, un buscarnos a nosotros mismos, un egoismo camuflado de bondad o una vanidad…
    Sepulcros blanqueados -q diría el Señor-, torre de Babel, metal q resuena, obras muertas.
    Sólo el amor al prójimo q nace del amor a Dios, es decir, de la comunión con ÉL en Espíritu y en Verdad, eso es la Caridad.

    Lamentablente, es un error muy extendido en nuestras comunidades cristianas actuales el identificar el amor a Dios y el amor al prójimo, como si de un solo amor se tratara, en vez de lo q realmente son: dos amores inseparables. Gran culpa de ello la tiene la ideología new age q ha contaminado nuestra doctrina, empobreciendo el evangelio.
    La new age entiende a Dios como «una energía infusa», no como una Persona a quien amar.
    Pero Dios es Persona, ¡es Padre! Y anhela el amor de sus hijos.

    Obviamente, llevas razón al afirmar q la ofrenda q más gusta al Padre es q nos amemos entre nosotros, y q hacer esto es tb es una manera de amarlo a ÉL.
    Pero quedarnos sólo ahí … es una enorme pobreza, es cargarnos de un plumazo el primer mandamiento.

    Dios es Espíritu y para amarlo, sencillamente, usamos nuestro espíritu. Se trata de un amor «de espíritu a Espíritu».
    Amamos a Dios en la oración; amamos a Dios en la Eucaristía; amamos a Dios de rodillas ante el Sagrario; amamos a Dios alabándolo con cantos… y por supuesto q amamos a Dios amando a los demás, pues amamos a Dios en todo. Es una necesidad vital, es para lo q hemos nacido!

    Enámorate de Dios y verás como tu amor al prójimo renace con una fuerza nueva.
    Ya nos contarás! 🙂

  4. El catecismo de la Iglesia católica nos enseña que, además de amar a Dios a través de amar a nuestros hermanos, tb hemos de amar a «Dios-mismo».
    Quedarnos sólo con lo primero sería tan pobre como, por ejemplo, amar a nuestro cónyuge solo amando a nuestros hijos.
    Amor a Dios y amor al prójimo son dos amores q de deben ir siempre unidos, pues se complementan y se supeditan el uno al otro. Es como el coche y la gasolina: De nada sirven separados.

    En el tiempo de nuestras abuelas parece q el amar al prójimo era el más antipático de los dos: muchas misas, muchas misas… pero poquito tratar al hermano como a uno mismo.
    En nuestra cultura actual, sin embargo, parece q se han cambiado las tornas y ahora lo antipático es amar a Dios: todos parecen tener claro q tenemos q ser buenos los unos con los otros… pero eso de dar culto a Dios está pasado de moda!

    Pero cuidado, q igual nos engañamos a nosotros mismos al creer q amamos a Dios sin amar al prójimo, como al creer q amamos al prójimo sin amar a Dios.

    Jesús unió estos dos amores… y es triste ver como el mundo anda empeñado en separarlos, de alguna u otra manera.

    He estado leyendo los post de este blog y veo q tienes gran anhelo por amar a tus hermanos. Eso es maravilloso.
    Sin duda tus pasajes evangélicos favoritos serán aquellos q hablan explícitamente del amor al prójimo, como son la parábola del buen samaritano, la regla de oro, el conmigo lo hicisteis, etc. (Preciosos todos ellos, por cierto)
    Pero el evangelio hay q mirarlo en su conjunto, entero, sin recortes y no quedarnos pillados en los versículos más afines a nuestra sensibilidad. Por el contrario, hemos de hacer hincapié justamente en esos otros versículos q nos chirrían interiormente pues de lo contrario, estaríamos cayendo en hacernos un evangelio a nuestra medida y predicarnos a nosotros mismos (o a nuestro guía espiritual) en vez de predicar a Jesucristo.
    Dios nos dé luz.

  5. Es tremenda la importancia que Jesús da a estos dos mandamientos tal es la fuerza que los iguala » SEMEJANTE» . El amor al Padre del cielo seria falso sin el amor al projimo, como persona mi amor está limitado por mi egoísmo, «como a tí mismo , » qué bien nos conoce Jesús, sabe de nuestra debilidad y se apoya en ella para que empecemos a caminar hacia el Padre, a amarlo y a ir sintiéndonos hijos de un Padre que todo nos da y todo lo puede!!!
    S.Juan : » Sí amo a Dios al que no veo y no amo al projimo que veo, soy un mentiroso»
    Enhorabuena Marta, que EL Padre del Cielo te bendiga . Amparo

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