En tiempo de desolación no hacer mudanza es una frase muy conocida de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. La he tomado prestada para dar título a este post porque me parece que es un magnífico consejo que puede resultar de mucha utilidad para nuestra vida cotidiana. Una vida cotidiana en la que, con mucha más frecuencia de la que nos gustaría, se presentan problemas importantes con los que nos vemos obligados a convivir.

Todos pasamos por momentos de desolación, de esos en los que parece que la vida se nos desmorona. Porque desamores, crisis de Fe, fracasos o enfermedades, antes o después suelen presentarse en puerta de todos nosotros. Forman parte de nuestra vida. Y también entre esas dificultades importantes estamos llamados a florecer.

Cuando sentimos que una situación nos desborda, lo primero en lo que pensamos es en salir corriendo. Y cuanto más rápido mejor. Porque cualquier alternativa nos parece mejor que seguir en mitad de la tempestad. ¿Quién no ha sentido la tentación de romper drásticamente con todo cuando han aparecido los problemas en su vida? Pero es mejor no hacerlo. Las decisiones conviene meditarlas y los cambios importantes es bueno acometerlos cuando de verdad estamos convencidos de que son la mejor alternativa y no cuando son el resultado de un deseo de huir hacia adelante, que no tenemos demasiado claro dónde podría llevarnos.

Tomar decisiones cuando estamos en tiempo de desolación nos puede llevar con mucha facilidad a elegir una opción desacertada. Porque cuando andamos muy agobiados no pensamos ni con serenidad ni con claridad. Es mejor esperar hasta poder decidir con paz, aunque eso suponga tener que pasar más tiempo enfrentando la tempestad.

Jesús nunca prometió a los suyos que libraría de las dificultades y tampoco nos lo promete hoy a quienes queremos seguirle y queremos hacer vida su Evangelio.

Pero sí que podemos estar seguros de que desde el Cielo no permitirán ninguna dificultad en nuestra vida que vaya más allá de nuestras fuerzas. En nuestra vida tendremos cruces, sí, pero cruces que siempre podremos llevar.

«Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en practica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida«

Evangelio Lucas 6, 47 – 48

En tiempo de desolación lo único sensato, creo yo, es hacer todo lo que esté en nuestra mano para tratar de enfrentar lo que quiera que sea que nos esté causando esa desolación. Y, por supuesto, ponernos en manos de ese Dios que es, sobre todo, Padre; confiando en que, una vez más, nos sacará adelante.

Pasada la tempestad, con la Fe afianzada y la paz recuperada, será momento de decidir y de embarcarnos en los cambios que consideremos que debemos hacer en nuestra vida.

4 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.