Muchos de nosotros vivimos nuestra vida remangados y trabajando mucho para salir adelante y sacar adelante a los nuestros. Y cada mañana levantamos la persiana dispuestos a dejar lo mejor de nosotros mismos en nuestros trabajos y en cada una de las cosas que vamos haciendo. Y está bien. Así debe ser.
Lo que ya no está tan bien es que enfrentemos cada día y el conjunto de nuestra vida como si todo dependiera de nosotros mismos: de nuestro esfuerzo, de nuestro trabajo, de nuestros talentos, de nuestros contactos o de nuestros recursos. Porque no es así.
Los cristianos no debemos vivir teniendo a Dios como un Padre al que rezar un ratito los domingos. Los cristianos debemos tener presente, cada día de la semana -también esos lunes que tantísimo nos cuesta levantarnos cuando suena el despertador- que tenemos a Dios siempre ahí, en la retaguardia. Y que podemos y debemos contar con Él tanto en las pequeñas grandes cosas de nuestro día a día como en los momentos en los que la vida se nos pone difícil, porque se presentan en nuestra puerta los problemas, los fracasos, las enfermedades, las dudas, los desengaños o los agobios. ¿Cuándo empezaremos a vivir como si de verdad nos creyésemos que Dios es Padre y que además todo lo puede? ¿Cuándo viviremos asentados en la Esperanza? ¿Cuándo empezaremos a vivir con la certeza de que ninguna cosa es imposible para Dios?
Imposible era que quedara en estado Isabel, ya mayor y estéril. Y fue posible. Y engendró, nada más y nada menos que a Juan el Bautista, quien estaría llamado a ir por delante de Jesús preparando los corazones de quienes más tarde recibirían la doctrina del Maestro.
Imposible era que naciera el Hijo de Dios de una mujer, María, que no estaba siquiera desposada. Y fue posible. Y gracias al sí de María Jesús pudo encarnarse. Y gracias al sí de María y al de José, Jesús pudo criarse en el seno de una familia sencilla, como lo hacemos la mayoría de nosotros.
Imposible era que Jesús se hiciera uno con nosotros y, por lo tanto, que nos hiciera uno con Dios Padre. Y fue posible. Y es posible.
Imposible era que el mismísimo Jesús fuera el pan en la eucaristía. En cada eucaristía. Y ahí está.
Nosotros, si vivimos -de verdad- con Fe, también podemos esperar incluso lo imposible. Podemos pedirlo, sabiendo que desde el Cielo siempre harán lo que resulte más conveniente para nosotros, lo entendamos o no. Si conviene, ocurrirá. Parecerá muchas veces fruto del azar o la casualidad, pero no será así. La mano del Cielo está mucho más presente en nuestra vida de lo que podemos imaginar… pero hay que querer verla.
Debemos estar abiertos a vislumbrar eso que es mucho más grande que nosotros, a desearlo, a soñarlo, a querer formar parte de ello. Y a compartirlo.
¡Feliz Navidad!
En aquel tiempo, fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y éste es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.
Evangelio Lucas 1, 26 – 38
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Feliz Navidad para ti también. Gracias por estas reflexiones
Marta feliz navidad y muchas gracias.