Últimamente se oye mucho entre nuestros adolescentes y jóvenes la expresión «me renta». Cuando valoran hacer algo, ponen en una balanza lo que les cuesta y lo que obtienen a cambio; si el balance les sale positivo, les «renta» y lo acometen y si ven que no es así, no les «renta» y no siguen adelante.

Esa valoración y ese balance tienen sentido -tanto entre los jóvenes como entre quienes ya no lo somos tanto- cuando compramos un jersey, cuando contratamos un viaje o cuando vamos a un restaurante. Pero es importante que esa lógica no la llevemos a otros terrenos, en los que hay que poner en la balanza intangibles que difícilmente se pueden medir ni comparar con nada.

Y es que no todo en la vida nos tiene que «rentar».

Jesús nos invita a vivir desde el amor. Desde el amor verdadero. Desde ese amor desinteresado que no busca ser correspondido, ni reconocimiento de ningún tipo. Nos invita a vivir desde el compromiso. Nos invita a que nos ocupemos de las personas que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida de una manera generosa. Incluso nos invita a que nos despreocupemos de nosotros mismos, poniendo los intereses del otro por delante de los nuestros.

La propuesta del Maestro se rige por la lógica del amor, una lógica que nada tiene que ver con la lógica de la «renta» que tenemos en el mundo, tan extendida entre nuestros jóvenes y en nuestra sociedad en general. Porque difícilmente podrá «rentar» nunca a ojos del mundo ese dar sin esperar nada a cambio o anteponer los intereses del otro a los nuestros: vivir desde el amor y desde el compromiso habitualmente nos conducirá a trabajar más, hará crecer nuestras preocupaciones y nos llevará a perder horas de sueño.

Pero vivir según la lógica del amor tiene desde luego, sus recompensas. Son unas recompensas intangibles, no visibles, no medibles, no inmediatas, que, además, juegan en una liga muy superior a la de esas «rentas» que tanto valoramos aquí en el mundo:

Vivir según la lógica del amor nos irá llevando, en la medida en la que vayamos avanzando en ese camino, hacia una vida con sentido, una vida plena, una vida feliz, una vida en la que las satisfacciones compensarán con mucho los desvelos que hayamos podido tener.

Vivir según la lógica del amor nos llevará a empezar a vivir ya aquí en la tierra una vida que, aunque vista desde fuera pueda resultar corriente, tendrá mucho de sobrenatural, porque irá estando guiada, cada vez más, por el Espíritu.

Vivir según la lógica del amor también nos conducirá a otra vida ya eterna, en el Cielo.

«El que pierda su vida por Mí, la encontrará»

Mateo 10, 39

No vivamos buscando nuestra comodidad, ni nuestra seguridad. No nos conformemos con vivir una vida a medias. No vivamos desde la mediocridad. El amor no entiende de «rentas». Va de darse del todo.

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