Ver el vaso medio lleno o medio vacío parece que es una tendencia que nos viene de serie: nacemos optimistas o nacemos pesimistas. Pero eso no es exactamente así; si bien todos tenemos cierta predisposición a una cosa o a la otra, no es menos cierto que nuestra actitud es algo que podemos trabajar. Pero tenemos que querer hacerlo.

Podemos escoger la opción de tener la mirada puesta, preferentemente, en todo lo que no nos va bien. O, mejor dicho, en todo lo que nos podría ir mejor en los distintos ámbitos de nuestra vida. ¿Y quién no tiene áreas para la mejora? ¿Acaso no desearíamos todos tener una vida más fácil, menos preocupaciones, un trabajo mejor, un sueldo mejor, un físico más agraciado y menos problemas?

Ahora que en España y en el mundo entero tenemos un problema tan serio con el Covid19, la verdad es que, esos que tienen tendencia a poner la mirada en todo lo que va mal, lo tienen especialmente fácil: por lo que están creciendo los rebrotes, por la que se nos avecina de nuevo en los hospitales, por ese desempleo que no para de crecer, por la crisis económica que se nos viene encima o por esa incertidumbre que ha pasado a gobernar la forma en la que nos relacionamos y la forma en la que tomamos decisiones.

Nos rodean muchos problemas. Reales y potenciales. Y, ciertamente, son importantes. Pero vivir con la mirada puesta, preferentemente, en ellos, es un error. Porque corremos el riesgo de que nos envuelvan en un estado de negatividad y de desánimo de los que cada vez nos vaya resultando más difícil salir. Estado que, por otro lado, contribuye a crear un clima a nuestro alrededor que puede terminar envolviendo y arrastrando también a quienes tenemos más cerca.

Ver los problemas es necesario. Cómo no. Ser conscientes de su importancia, también. Pero a partir de ahí lo más sensato, en mi opinión, es poner la mirada en lo que sí que está en nuestra mano hacer.

¿Por qué no vivir mirando el lado bueno de las cosas? ¿Por qué no ver el vaso medio lleno en lugar de medio vacío? ¿Por qué no tratar de ver, en lugar de problemas, oportunidades y desafíos?

Cuando vemos oportunidades y desafíos es cuando nos sentimos motivados para actuar. Es también cuando sentimos el deseo de dejar atrás los miedos que podamos tener y cuando nos sentimos retados a sacar todo nuestro potencial; incluso el que ni sabíamos que teníamos.

Todos nosotros, lo creamos o no, podemos hacer mucho para mejorar el mundo que nos rodea, empezando por supuesto por lo que tenemos más cercano. Cada uno en el marco de acción que tenemos. Grande o pequeño, lo mismo da. ¿Por qué no poner nuestras energías, nuestra ilusión y nuestros talentos a su servicio?

El estado natural de los cristianos debería ser un estado de Esperanza, desde el que vivir presintiendo desenlaces felices, a pesar de los muchos problemas que se puedan presentar. Porque sabemos que contamos con ese Dios que todo lo puede y que, sobre todo, es Padre.

¿Cuándo empezaremos a vivir una vida, de verdad, coherente con la Fe que decimos profesar? ¿Cuándo nos creeremos, de verdad, que cuando vivimos desde el amor, Dios se ocupa de nuestras cosas? De todas nuestras cosas. De las grandes y también de esas pequeñas grandes cosas de la vida cotidiana.

Merece la pena vivir desde una ambición bien entendida, con una mirada optimista, retadora, que nos impulse a sacar nuestra mejor versión. Merece la pena hacer equipo con Dios y enfrentar la vida de su mano. Y merece también la pena, cómo no, disfrutar de cada logro compartido. Y celebrarlo.

La imagen es de pxfuel

4 comentarios

  1. Sólo el deportista que se propone superar una marca lo consigue; sólo el estudiante que se propone superar un examen lo aprueba; y solo el empresario que se propone sacar adelante un negocio puede ver cómo prospera. Quien ve el vaso vaso siempre medio lleno tiene en sus manos la capacidad de cambiar la realidad. Quien lo ve siempre medio vacío, ni superará nunca una marca deportiva, ni sentirá la satisfacción de aprobar un examen debido a su esfuerzo, ni creará nunca trabajo y prosperidad a su alrededor. Entre ambas posturas no media solo el nivel del agua, media un abismo.

  2. Gracias Marta por tu reflexión y muchas gracias también a Enrique por su comentario tan acertado (lo has clavado)

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