Incertidumbre

Si bien otras muchas veces ha habido enfermedades, como la peste, que en un momento determinado de la historia han arrasado una determinada población, lo cierto es que el episodio que estamos viviendo en este momento con el coronavirus es único en la historia de la humanidad. Y lo que lo hace único no es la naturaleza de la enfermedad, sino que ahora el mundo es global. Y algo que comenzó a finales de diciembre en un sitio llamado Wuhan, que muchos no hubiéramos sabido ni siquiera situar en el mapa, está hoy, tres meses más tarde, extendido por el mundo entero.

Para tratar de impedir su propagación hemos cerrado fronteras, hemos cancelado comunicaciones entre países, hemos cerrado nuestras oficinas, hemos cerrado bares y restaurantes, hemos cerrado comercios, hemos aplazado fiestas como las fallas de Valencia o la feria de Sevilla, no acompañaremos a nuestros pasos en Semana Santa y no rezaremos juntos tampoco en nuestras iglesias. Y todos nos hemos visto obligados a recluirnos en nuestras casas rompiendo lo que hasta ahora han sido las rutinas de nuestras vidas.

Nos encontramos, de la noche a la mañana, viviendo una realidad que no nos hubiéramos creído si nos la hubieran contado hace tres semanas. Porque se hacía imposible ni siquiera imaginar lo que teníamos por delante. Como se nos hace muy difícil también saber a día de hoy qué es lo que nos espera.

Es tiempo de incertidumbre.

Es momento de mirar hacia adentro y de hacer balance ahora que, por otro lado, también estamos en Cuaresma. Momento de revisar cuáles de nuestros comportamientos, actitudes y costumbres están bien encaminadas y cuáles convendría cambiar. Desde la sinceridad. Con la vocación de aprender de los errores y la disposición de mejorar.

Es tiempo de reordenar prioridades y de poner en valor las cosas importantes de nuestra vida. Porque momentos como estos nos ayudan a tomar conciencia de lo que realmente es importante y lo que debe ocupar un lugar secundario. La salud, la Fe, la familia, los amigos y las personas a las que queremos pasan a ocupar sin lugar a duda los primeros puestos: los que siempre deberían haber ocupado y que en muchas ocasiones hemos descuidado dejándonos liar por los trabajos y los espejismos del mundo.

Es tiempo de poner en valor también las pequeñas grandes cosas que han formado parte hasta ahora nuestro día a día y nos lo han hecho valioso: los abrazos, los besos, los paseos por la calle o tomar el aperitivo en los bares nos parecía que era algo que siempre iba a estar ahí; pero hoy, simplemente, no está. ¿Cómo no caer en la cuenta del tesoro que siempre han sido?

Es tiempo de sacar lo mejor de nosotros mismos. Tiempo de ser obedientes y quedarnos en casa, tiempo de trabajar al 200% desde casa como si estuviéramos en la oficina para sacar adelante nuestras empresas y nuestro país, tiempo de hacer agradable la convivencia a nuestras familias o las personas con las que vivamos, tiempo de ocuparnos de los que sabemos que están solos, tiempo de sufrir con los que sufren y tiempo de cuidar -con las muchas limitaciones que ahora tenemos- de quienes nos puedan necesitar.

Es tiempo de tomar conciencia de nuestra pequeñez y de nuestra vulnerabilidad. Porque muchas veces tenemos la tentación de creernos importantes y de creer que tenemos todo bajo control. Situaciones como ésta que estamos viviendo nos ponen en nuestro sitio y nos hacen sentir que ni nuestras fuerzas, ni nuestros esfuerzos ni nuestros recursos nos dan el control de la vida.

Es tiempo de poner la confianza en ese Dios que, sobre todo, es Padre. Ese Dios que nos quiere más de lo que jamás hayamos podido imaginar y que todo lo puede. Él sí que lo puede todo. Y está deseando que acudamos a él en busca de consuelo, en busca de alivio, en busca de orientación o, simplemente, en busca de su compañía. Es el único que puede devolvernos la paz. También cuando nos vemos incapaces de entender los porqués de lo que está pasando a nuestro alrededor.

Pese a todo lo que estamos viviendo es tiempo, también, de esperanza.

#COVID19 #YoMeQuedoEnCasa

La imagen es de Geralt en pixabay

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