Evangelio apc Bengala

Está dando comienzo la Cuaresma: 40 días durante los que somos invitados a preparar nuestros corazones para la Pascua de Resurrección.

«Preparar nuestros corazones» es una expresión, preciosa, sí, pero posiblemente demasiado elevada, demasiado grande, demasiado abierta. ¿En qué cosas concretas podemos traducir esa preparación? 

Preparar el corazón implica reflexionar y, si hace falta, cambiar

Dedicar tiempo a la reflexión no es tarea sencilla:

No es tarea sencilla, en primer lugar, porque muchos llevamos una vida realmente sobrecargada de responsabilidades, tareas y obligaciones: nos levantamos bien tempranito por la mañana y nos enfrentamos cada día a una agenda interminable, en la que sacar tiempo para la reflexión es difícil. Porque la reflexión requiere, además del tiempo, de un estado personal que no es sencillo tener cuando vamos con prisa.

No es tarea sencilla, por otro lado, porque implica un enfrentamiento con nosotros mismos, cara a cara, sin tapujos, frente al espejo. Para hacer balance e identificar qué cosas llevamos bien encaminadas y debemos reforzar. Y también para identificar si hay cosas en las que no vamos bien encaminados y debemos cambiar.

Si después de esa reflexión personal llegamos a la conclusión que debemos de cambiar de vida en un sentido o en otro, no debemos perder tiempo; no debemos dejarlo para más adelante. Si lo dejamos para más adelante es muy posible que terminemos por no hacerlo. Porque no es fácil romper con hábitos – si es que lo que tenemos que cambiar son malas costumbres – no es fácil romper con personas – si es que debemos sacar de nuestra vida a alguna persona que nos resulta nociva – no es fácil perdonar de corazón – si es que tenemos el corazón envenenado de rencor – no es fácil reconocer los errores, pedir perdón y enfrentar sus consecuencias – si es que la soberbia es nuestra compañera de viaje – como no es fácil cambiar ese tan conocido «primero yo, luego yo y después yo» para poner las necesidades de los demás como centro de nuestras vidas.

Para preparar el corazón conviene dedicar tiempo a la oración

Muchos de quienes queremos ser cristianos – entre quienes me incluyo – somos «más de acción que de meditación»: tenemos buena disposición a atender a quienes nos puedan necesitar cuando detectamos esa necesidad. Pero tendemos a descuidar esos espacios en los que relacionarnos con Dios Padre. Y eso es un grandísimo error.

Si nos fijamos en el comportamiento de Jesús en el Evangelio veremos con claridad cómo él dedicó su vida a los demás. Pero siempre, siempre, siempre buscaba tiempos en los que estar con su Padre. Con nuestro Padre.

La Cuaresma es un tiempo idóneo para recuperar esos espacios en los que confiar al Padre nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras inquietudes, nuestros miedos, nuestras miserias, las necesidades de los demás y nuestras necesidades. Espacios en los que ponernos en sus manos, espacios en los que compartir, espacios en los que recibir consuelo, espacios en los que pedir perdón, espacios en los que sentirnos perdonados, espacios en los que recibir ese tan ansiado estado de paz o espacios en los que dejar también que el Padre nos toque el corazón y nos haga sentir qué es lo que quiere de nosotros.

Para preparar el corazón es bueno acercar más nuestro estilo de vida al que tuvo Jesús

Y para acercarnos a su estilo de vida basta con que tratemos de vivir más hacia los demás: estar más atentos a lo que puedan necesitar y atenderles más y mejor. Ese es el ayuno que más le gusta a Dios:

-¿Por qué ayunamos, si tú no lo ves?
Para qué nos humillamos, si tú no lo sabes?
-Es que el día que ayunabais, buscabais vuestro negocio
y explotabais a todos vuestros trabajadores.
Es que ayunáis para litigio y pleito
y para dar de puñetazos a malvados.
No ayunéis como hoy,
para hacer oír en las alturas vuestra voz.
¿Acaso es ese el ayuno que yo quiero
el día en que se humilla el hombre?
¿Había que doblegar como junco la cabeza,
en sayal y ceniza estarse echado?
¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yaveh?
¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero:
desatar los lazos de maldad,
deshacer las coyundas del yugo,
dar la libertad a los quebrantados,
y arrancar todo yugo?
¿No será partir al hambriento tu pan,
y a los pobres sin hogar recibir en casa?
¿que cuando veas a un desnudo le cubras,
y de tu semejante no te apartes?
Entonces brotará tu luz como la aurora,
y tu herida se curará rápidamente.
Te precederá tu justicia,
la gloria de Yahveh te seguirá.
Entonces clamarás, y Yahveh te responderá,
Pedirás socorro, y te dirá: «Aquí estoy». 
(Isaías 58: 3 – 9)

La imagen es de Dimitri Conexo Sanz en cathopic

3 comentarios

  1. Preciosa meditación Martita. Yo también me incluyo en el grupo de los que quieren ser cristianos pero no cuido mi relación con Dios como El quisiera.

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