Hoy me permito escribir un post personal porque mañana, día 23, mi hija mayor -esa que sale en la foto de pequeña, sí- cumple 18 años. En ella me inspiro al escribir estas reflexiones y a ella se las dedico.

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La mayoría de edad es un momento importante en la vida, porque es oficial y legalmente la entrada en la edad adulta. Supone un punto de inflexión porque, aunque continúes viviendo en casa bajo la tutela de tus padres, te invita a mirar el futuro de otra manera: con la certeza de que lo que en él pase ya dependerá en buena parte de ti, de las decisiones que vayas tomando y de la actitud con la que enfrentes las circunstancias que vayan viniendo.

Es seguro que estás empezando a sentir con más fuerza el sentido de la responsabilidad. Y es seguro también que sientes vértigo. Al menos así me sentí yo cuando cumplí los 18, de lo que hace ya tantos años que prefiero no echar la cuenta.

Así que aquí te dejo estas reflexiones para la ocasión. Algunas me las has oído más de una vez. Otras no.

Terminada ya la etapa escolar, te toca empezar a prepararte para la vida profesional y tener así, algún día no lejano, tu propio medio de vida

Tú ya has escogido una carrera universitaria en la que estoy segura de que te irá bien. Mi consejo, como no podría ser de otra manera, es que la aproveches y que la disfrutes todo lo que puedas. Y que busques después un trabajo que además de proporcionarte un medio de vida te facilite el servicio. Eso es algo que es posible encontrar en cualquier sector -empresarial, sanitario, académico o no lucrativo- porque, sobre todo, es una cuestión de disposición personal y de saber entender que en el centro de tu trabajo están aquellos a los que ese trabajo de su sentido: sus clientes, sus pacientes, sus alumnos o sus beneficiarios. No dejes de buscar hasta que no encuentres una actividad profesional en la que sientas que puedes dar lo mejor de ti.

En la sociedad, como ciudadana española y ciudadana del mundo también has de vivir ya como adulta

Te animo a escoger muy bien a las personas con las que compartir el camino de la vida. Son muchos quienes te rodearán en los distintos entornos en los que te vayas moviendo. A buena parte de ellos -padres, vecinos, compañeros de clase o compañeros de trabajo- no los podrás escoger. Pero pareja, confidentes y amigos sí que los podrás elegir; en ellos te apoyarás y por ellos te dejarás guiar. Escoge siempre personas buenas y generosas en las que puedas confiar. Todo lo demás es secundario.

Te animo a que siempre te cuestiones si las cosas están bien o mal -por mucho que estén socialmente aceptadas- y a saber ser diferente. Has de tener claro lo que quieres y luchar por ello. Si apuestas, como espero, por defender tus sueños desde los valores y la Fe en los que has sido educada, no serán pocos los disgustos que te llevarás, porque ni nuestros valores compartidos ni el cristianismo están de moda; y serán muchos quienes no verán con buenos ojos el que antepongas las necesidades de los demás a las tuyas propias o el que no mires para otro lado frente a los abusos de quienes son más vulnerables. Tú haz siempre lo que consideres que es lo correcto, sin importarte ni mucho ni poco lo que haga el resto del mundo. 

Te animo a vivir desde la generosidad. Y a que con generosidad administres el dinero del que en el futuro dispongas. Y a que, también con generosidad, repartas tu tiempo, cuides de otros y sepas perdonar.

Te animo a vivir sin complejos y sin miedo. El miedo nos empequeñece, impide que saquemos todo nuestro potencial, nos hace querer evitar riesgos a costa de cualquier cosa y nos impide ser capaces de aprovechar todas las oportunidades que la vida nos pone por delante. Tienes una familia -que algún día posiblemente tú aumentarás- que siempre estará a tu lado; pase lo que pase. Pero, sobre todo, a quien siempre tendrás a tu lado es a Dios, que te quiere aún más que nosotros y todo lo puede. Es el mejor pilar en el que sustentar la vida entera.

Nunca alcances la mayoría de edad en tu relación con Dios

Jesús nos invita a todos a que vivamos como niños. Y que, como niños, permanezcamos siempre abiertos a saber, a entender, a cambiar, a mejorar.

Y que, como niños, nos mantengamos siempre limpios de corazón, libres de prejuicios y libres de las ataduras que tantas veces quiere ponernos el mundo.

Y que, como niños, vivamos con la confianza puesta no en nuestro trabajo, ni en nuestras fuerzas ni en nuestras influencias ni en nuestro dinero, sino en ese Dios que, sobre todo, es Padre. Un Padre que sabe lo que necesitamos mucho antes incluso de que se lo pidamos y que siempre nos da lo que más nos conviene.

Sal ahí fuera, lucha para dejar un mundo mejor que el que te encontraste, no te sueltes de la mano de Dios, se muy feliz y vive siempre desde un profundo agradecimiento.

¡Feliz cumpleaños!

3 comentarios

  1. Todos los consejos de este escrito denotan sabiduría, cariño y conocimiento de la vida. Pero como quiero añadir algo, le aconsejo, además, que todo lo que aquí se propone se haga siempre con alegría.

  2. Qué regalo tan valioso y bonito le has dejado a tu querida A. !!! Con tu permiso, me lo guardo para leérselo a los mis dos pequeños, J y P, cuando les toque… y les diré que no es mío sino de una de esas buenas amigas y confidentes a las que su padre y yo supimos escoger…
    ¡¡Muchas felicidades !!

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