Evangelio del día Imagen agosto 2019

La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda

Evangelio Mateo 22, 1 – 14

Jesús les habló en parábolas, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

La imagen es de katrina_S en pixabay

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Libertad para elegir

La invitación a asistir al banquete de boda, como no podía ser de otra manera, no es otra cosa que una invitación a vivir desde el amor, una invitación a vivir para los demás, una invitación a vivir la vida ordinaria con un corazón extraordinario.

Invitación que podemos aceptar… o rechazar.

En el deseo de Dios está el que todos asistamos a ese banquete, que todos nos sumemos a sus filas y que todos disfrutemos de ese premio que es el Cielo. Pero muchos de nosotros decidimos, haciendo uso de esa libertad nuestra, rechazar la invitación y no asistir. O presentarnos en el banquete sin el traje adecuado, que no es otro que el traje del amor. De ahí ese «muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

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