Poner orden

El desorden forma sin duda parte del mundo y también de nuestra vida, por más que nos pese a quienes somos ordenados y nos sentimos especialmente cómodos cuando nuestro entorno físico está organizado y, por qué no decirlo, cuando nuestra vida la tenemos bien planificada:

Porque continuamente surgen Imprevistos – problemas, necesidades de otros o nuestras – que nos obligan a aparcar lo que tenemos entre manos y nos dejan los planes que pudiésemos tener totalmente desbaratados.

Porque en este querido mundo nuestro, que pareciera que cada día gira más deprisa, los cambios -muy especialmente en el mundo profesional- se están generando deprisa y nos obligan, continuamente, a actualizarnos, a renovarnos, a reinventarnos, a ser resilientes y a improvisar.

Porque las cosas que planificamos a veces nos salen mal o, al menos, no resultan como a nosotros nos hubiera gustado. Nunca tendremos todo bajo control. Y es un disparate aspirar a que así sea.

Porque tenemos que convivir con muchas imperfecciones y defectos, tanto nuestros como de las personas que nos rodean. Miserias que condicionan -y de qué manera- nuestro comportamiento, nuestras relaciones y cómo se suceden las cosas.

Esa especie de improvisación continua en la que vivimos nos hace a veces sentir que no tenemos ni de lejos el control de nuestra vida. Nos hace sentir que no somos nosotros los que llevamos el timón sino que más bien vamos a remolque de ella, avanzando en un sentido o en otro según sopla el viento y según van viniendo las olas.

De vez en cuando conviene parar, hacer limpieza y ordenar nuestra vida:

Conviene pasar revista a cuáles están siendo, de hecho, nuestras prioridades. ¿Son de verdad los imprevistos los que nos están desviando o somos nosotros los que nos estamos dejando liar por los espejismos del mundo y nos estamos dejando envolver por las modas de turno?

Conviene también hacer limpieza. Y organizarnos para sacar de nuestra vida, en la medida de lo posible, todo aquello que sabemos que nos impide llegar a ser la clase de personas que queremos llegar a ser. Sea lo que sea. Y saber, siempre que sea menester, decir que no.

Es bueno también analizar a qué estamos dedicando el tiempo y qué cosas que deberíamos cuidar tenemos desatendidas. Nuestro tiempo es un tesoro y también un bien escaso, por lo que debemos organizarnos bien para atender debidamente a lo que de verdad importa.

Tras la «puesta a punto» toca, por supuesto, volver a salir ahí afuera y surfear. Porque Dios no nos quiere fuera del mundo sino dentro de él. Y entre sus olas y con todo su desorden es donde estamos llamados a darnos a los demás y a vivir la vida ordinaria con un corazón extraordinario.

Afortunadamente, pese a lo caótico del mundo, hay algo que siempre estuvo ahí, que sigue estando ahora y que siempre seguirá estando, pase lo que pase. Y es ese Dios que, sobre todo, es Padre en el que, si queremos, podemos anclar nuestra vida.

La imagen es de webandi en pixabay

1 comentario

  1. Esta charla pone sobre la mesa dos conceptos científicos de enorme importancia: la entropía o desorden siempre creciente del universo, y la adaptación al medio, que sustenta la evolución de la vida.

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