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La rutina

Rutina

Cuando nos referimos a la rutina -esa costumbre de hacer las cosas de una manera más o menos repetitiva y automática- solemos darle un sentido negativo. Porque le presuponemos ese «más de lo mismo» que hace que un día no se diferencie demasiado del anterior o del siguiente.

Y si solemos darle un sentido negativo es porque a la mayoría de nosotros lo que nos gustan son los días especiales, los días extraordinarios, los días vistosos, esos días únicos que nos quedan para siempre en el recuerdo.

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El arte de escuchar

En nuestra sociedad, y muy especialmente en las grandes ciudades, vivimos habitualmente con prisa. Porque son muchas las obligaciones y responsabilidades que todos tenemos, porque las distancias son largas y también porque nos vemos inmersos en el rápido ritmo de vida que se ha terminado imponiendo. Habitualmente nos queda muy poco tiempo disponible para los demás y muy poco tiempo para pasarlo con Dios.

Con este panorama -que yo sin duda vivo en primera persona cada día- escuchar al otro se ha convertido en algo realmente complicado. Escucharlo de verdad. Porque las prisas, más allá de la limitación del tiempo, nos hacen tener una disposición personal como de impaciencia, que definitivamente impide esa escucha.

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El privilegio de sabernos tan queridos

La oveja perdida

Una de las parábolas más conocidas del Evangelio es la de la oveja perdida. En ella se relata cómo un pastor, que tiene un rebaño con 100 ovejas, pierde a una de ellas y sale a buscarla hasta que la encuentra, dejando a las otras 99.

Ilustra estupendamente bien cómo Jesús, lejos de haber venido a este mundo para rodearse de aquellos que llevaban una vida ejemplar, vino, muy especialmente, para acoger y para cuidar a aquellos que estaban también perdidos y necesitaban que les sanasen el alma:

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Cuestionarlo todo

Cuestionarlo todo

En este mundo en el que vivimos en el que todo ocurre tan deprisa, lo que resulta más fácil es dejarnos llevar por sus costumbres y sus modas y adoptar como propios los valores que se han impuesto. Si lo hacemos podemos llevar una vida más o menos cómoda, sí, pero ¿de verdad es eso lo que queremos?, ¿estamos dispuestos a dejar que la vida nos lleve donde ella quiera sin esforzarnos siquiera en tratar de coger el timón y gobernarla?

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