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El poder de la amabilidad

El poder de la amabilidad

La amabilidad es una cualidad que, como ocurre con la buena educación, parece que cada vez es más escasa entre nosotros. Quizás es porque muchos vamos por la vida tan centrados en nosotros mismos y en nuestro pequeño universo, que casi ni vemos a quienes se sientan a nuestro lado en el autobús, a quienes nos sirven un desayuno en una cafetería, a quienes nos atienden en las tiendas o a quienes se cruzan con nosotros en la oficina.

La prisa con la que habitualmente nos movemos no ayuda tampoco, precisamente, a que veamos al otro y a que busquemos la ocasión de desearle sinceramente que pase un buen día de o de escucharlo, o de ponernos a su disposición para lo que pueda necesitar.

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Sinceridad

¿De qué va eso de la buena educación?

La buena educación parece que es algo cada vez menos frecuente entre nosotros. Algunos sentimos que se hace necesario rescatarla y aspirar a que vuelva a formar parte de nuestra vida, de nuestra convivencia, de nuestra cultura. Y que sea la brújula que guíe nuestras palabras, nuestros silencios o nuestros gestos; porque esas formas condicionan enormemente las relaciones que establecemos con los otros y muy especialmente con aquellos que forman parte de nuestra vida cotidiana.

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Tiempo ordinario

Tiempo ordinario

Tras la fiesta de Pentecostés que celebramos hace dos semanas, hemos entrado en lo que en el calendario litúrgico se llama el tiempo ordinario: el tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento.

Son 34 de las 52 semanas del año en las que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Es el período más largo y es también el tiempo en el que la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el mensaje de Jesús y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días.*

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Sin estar seguros

Sin estar seguros

Las personas solemos buscar la seguridad y la estabilidad. Nos gusta tenerlo todo más o menos controlado y saber –en la medida de lo posible– lo que va a pasar. Es en ese  escenario con el que nos sentimos cómodos, con el que dormimos tranquilos. Y es el escenario en el que fácilmente tomamos decisiones y asumimos sus consecuencias.  

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