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Vía Crucis - decimosegunda estación

Vía Crucis – decimosegunda, decimotercera y decimocuarta estación

Decimosegunda estación. Jesús muere en la Cruz

Tras haber sido juzgado injustamente, haber sido torturado y haber sido humillado, Jesús es clavado en una Cruz, desde la que aguardaba ya su final.

En esas horas de terrible agonía siguió dando testimonio de quién era y continuó haciendo realidad el mensaje de amor que había venido a traernos. Y así, pidió al Padre el perdón para quienes lo habían conducido hasta allí, regaló a Dimas el Paraíso, encomendó a Juan el cuidado de su madre y encomendó a su madre el cuidado de Juan, el de los apóstoles y el nuestro.

Le llega ya el momento la muerte y, con sus últimas palabras, encomienda su espíritu al Padre.

Su misión quedaba ya, por fín, cumplida: murió por amor, cargando con nuestros pecados y regalándonos a todos nosotros la oportunidad de ser uno con Él y con el Padre.

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Vía Crucis – décima y decimoprimera estación

Décima estación. Jesús es despojado de sus vestiduras

Después de haber sido injustamente juzgado, maltratado, torturado y humillado, llega Jesús andando hasta el Gólgota cargando con su Cruz. Una vez allí, es despojado de lo último que aún le queda: su ropa. Posiblemente con este acto quisieron terminar de humillarlo y despojarlo también de su dignidad.

La dignidad, sin embargo, nunca se la podrían quitar, porque no eran sus vestiduras las que se la daban. La dignidad se la daba el profundo amor a Dios y a los hombres con el que había vivido siempre.

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Vía Crucis - octava y novena estación

Vía Crucis – octava y novena estación

Octava estación. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

Jesús está en el que, sin duda, es el peor momento de toda su vida: injustamente juzgado, humillado, maltratado, malherido, insultado, abandonado por los suyos y de camino hacia un lugar llamado Calvario donde sabía que iba a ser crucificado hasta morir. Y, aún en esas circunstancias tan extremas para el cuerpo y para el espíritu, ve a aquellas mujeres que de alguna manera querían consolarlo, y se le va el corazón hacia ellas.

Y se conforma una escena singular, en las que las mujeres consuelan a Jesús y Jesús consuela a las mujeres: aún en mitad de aquel esperpento sigue brillando el amor.

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Vía Crucis - quinta, sexta y séptima estación

Vía Crucis – quinta, sexta y séptima estación

Quinta estación. Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz de Jesús

No llevó Simón de Cirene voluntariamente la Cruz del Maestro, no. Simón volvía -posiblemente muy cansado- después de un día de trabajo en el campo y de repente se encontró entre aquella muchedumbre de gentes enloquecidas que insultaban y humillaban a un reo condenado a muerte. Y así, sin más, lo cargaron con su Cruz.

Acompañó Simón a Jesús en su camino hacia el Calvario. Ese Jesús malherido al que ya le fallaban las fuerzas. Ese Jesús que había aceptado cumplir con el plan que su Padre había diseñado para Él y, sin una protesta, una queja o un reproche, aceptaba su suerte.

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