Estos días de atrás ha tenido lugar la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa: un encuentro que ha reunido miles de jóvenes de todo el mundo en torno al papa Francisco. Unos días en los que nuestros jóvenes han vivido misas, adoraciones, conciertos, peregrinaciones, vía crucis o vigilias, desde los que han tenido la oportunidad de sentir que estaban allí porque Dios así lo ha querido, han tenido la oportunidad de sentirse parte de una comunidad mundial, han tenido la oportunidad de sentirse parte de algo mucho más grande que ellos, que los transciende, han tenido la oportunidad de sentirse parte de un movimiento que necesita de las manos y del empuje de todos ellos para salir adelante.

Quienes ya no somos jóvenes y hemos tenido que conformarnos con seguir lo que ha pasado en Lisboa a través de los medios y las noticias que nos mandaban nuestros hijos, hemos podido acompañarlos en la distancia y sentir, como ellos, que la Iglesia está viva y que esa generación de jóvenes que tenemos detrás, viene con fuerza, ilusión y muchas ganas de transformar este querido mundo nuestro que hoy está tan estropeado.

Estamos viviendo en una sociedad en la que ser cristiano ya no está de moda, al menos en nuestra querida Europa: Dios no está presente en nuestras conversaciones y parece que no está presente tampoco en nuestras vidas. Cada vez son menos numerosas las vocaciones, las iglesias están cada día más vacías, cada vez son menos numerosos los padres que bautizan a sus hijos o que los preparan para hacer la primera comunión y cada vez hay menos parejas que se casan por la Iglesia.

Y lo peor, en mi opinión, es que valores como la honradez, la honorabilidad, la generosidad, la entrega o la gratuidad han dejado de ser aspiracionales entre nosotros y se han impuesto, en su lugar, un egoísmo y un individualismo que, silenciosamente, han llenado su espacio.

La Iglesia que conocimos de niños quienes hoy ya tenemos canas, es una Iglesia que ya no existe y, en mi opinión, es una Iglesia que no va a volver. Porque el mundo ha cambiado mucho y nuestra sociedad ha cambiado con él. Pero la Iglesia sigue ahí, más viva que nunca: se está transformando.

Se está transformando en una Iglesia diferente. Más pequeña, sin duda, en número, pero posiblemente más fuerte porque está conformada, no por quienes han nacido en el seno de una familia que los educó en la Fe, sino por las personas que de verdad desean estar ahí.

Se está transformando en una Iglesia en la que, a buen seguro, los seglares iremos jugando un papel más activo, más comprometido. Sintiéndonos corresponsables de lo que pasa en ella y del rumbo que toma.

Se está transformando en una Iglesia más plural, más diversa, en la que podamos caber todos los que queremos hacer vida el Evangelio. La Iglesia debe ser la Betania de hoy, un hogar en el que todos podamos sentirnos acogidos. Todos.

Afortunadamente, encuentros como el que acabamos de vivir de la Jornada Mundial de la Juventud, nos hacen ver que la Iglesia está viva y que Dios está apuntalando a la siguiente generación de religiosos y laicos que ya constituyen el presente de su Iglesia y que liderarán su futuro.

Dejo aquí enlazadas para terminar unas preciosísimas palabras que el papa Francisco dirigió a los jóvenes en el encuentro, publicadas en el canal de You Tube de Mater Mundi TV:

La imagen de la cabecera es de JMJ Lisboa 2023 en Flickr

3 comentarios

  1. Que razón tienes Marta.
    La iglesia de hoy se compone cada vez más por los que quieren formar parte del les, y no tanto por los que fueron educados en la fe católica.

  2. Leyendo lo que has escrito, me ha venido a la cabeza que tal vez ha llegado la hora de tomarnos como algo propio el hacer de nuestra familia una iglesia doméstica, y desde nuestras casas irradiar el mensaje del Evangelio con nuestras vidas a los vecinos, amigos y conocidos. Y como bien decís hace un tiempo «tal vez seremos nosotros el único Evangelio que muchas personas encuentren».

  3. Como Dios Padre, eres sorprendente cada semana con tus reflexiones. Que el Espíritu Santo te siga iluminando. Gracias

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