» El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna»

Evangelio del día 16 de agosto de 2022 – Mateo 19, 23 – 30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.» Al oírlo, los discípulos dijeron espantados: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Para los hombres es imposible; pero Dios lo puede todo.» Entonces le dijo Pedro: «Pues nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?» Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros.»

La imagen es de pexels en pixabay

Reflexiones relacionadas

Recompensas

Jesús nos invita a vivir desde el amor. Desde el amor a Dios y el amor a los hombres. Un amor verdadero, desinteresado, que regalemos sin buscar nada a cambio:

Porque si, cuando hacemos algo por los demás, buscamos que reconozcan nuestros méritos, nos deban un favor o, simplemente, nos correspondan, eso no es amor. Es interés.

Porque si, cuando hacemos algo por los demás, buscamos construirnos una determinada imagen y que nos consideren, nos alaben o nos admiren, eso no es amor. Eso es hipocresía.

Porque si, cuando hacemos algo por los demás, buscamos que Dios también haga algo por nosotros, eso no es amor. Eso es chantaje.

El amor no debe buscar remuneración: tan solo debe buscar el ver al otro atendido. Sin más. Y sin menos.

Muchos últimos serán los primeros

Para Dios también hay un orden; para Él también hay unos primeros y unos últimos. Pero su criterio para ordenarnos no es el mismo que tenemos aquí en al tierra; en el orden de Dios los primeros puestos nada tienen que ver ni con la influencia, ni con la riqueza, ni con el poder: su unidad de medida es el amor y para Él, quienes están en los primeros puestos son los que más aman. Y esos que más aman son, sin lugar a dudas, los que más sirven. 

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