La frase que da título a este post no es original mía: es un verso de una canción preciosísima del P. Gonzalo Mazarrasa. Lo he tomado prestado por lo inspirador que es y porque creo que refleja una actitud, una forma de ir por la vida, a la que todos los cristianos estamos llamados, pero que quizás no es demasiado frecuente.

La mayor parte de nosotros, cuando queremos conseguir algo nos remangamos y nos ponemos a trabajar para conseguirlo. Y ponemos al servicio de la causa nuestro tiempo, nuestra ilusión, nuestra energía, nuestros talentos y nuestros recursos.

En ocasiones, además, nos apoyamos en Dios. Especialmente si se trata de algo que sabemos que es difícil que ocurra, o si se trata de algo que sabemos que nos queda grande y que nunca podríamos conseguir tan solo con nuestro esfuerzo. Ahí, sí, ponemos en valor nuestra Fe, y nos tiramos en los brazos de ese Dios que es, sobre todo, Padre. ¿Cómo no poner en manos de Dios el desenlace favorable de una enfermedad o el cambio del curso de una guerra?

Solemos olvidarnos de que Dios también es Padre para las pequeñas cosas. Y que podemos acudir a Él, si queremos, para que nos acompañe con esas pequeñas grandes cosas de la vida cotidiana. De la misma manera que los padres aquí en la tierra acompañamos encantadísimos a nuestros hijos con sus asuntos del día a día.

Hay veces que las situaciones se resuelven como deseamos. Cuando así ocurre, nos invade una alegría inmensa, damos gracias a Dios, nos reafirmamos en la Fe y nos sentimos agradecidos por tanto.

En otras ocasiones, no es así y no vemos el resultado de nuestras peticiones. Y sentimos la tentación de pensar que Dios no nos escucha, o incluso llega a tentarnos la idea de enfadarnos con Él. Pero terminamos aceptando que Dios sabe más. Y que Él, que todo lo puede y tantísimo nos quiere, nos da en cada momento lo que resulta más conveniente para nosotros.

Y buscamos su caricia y su consuelo, aún desde la tristeza. Porque, como dice la canción, «nos basta porque sabemos que así le basta a Él».

Así debe ser.

Habrá quienes digan de nosotros que somos unos conformistas. Pero no se trata de conformismo. Se trata de Fe. Esa Fe en la que merece la pena asentar la vida, que nos hace libres y nos vuelve valientes.

Comparto por aquí un videoclip de Mater Mundi TV con la canción completa. Creo que merece mucho la pena escucharla.

La imagen de la cabecera es de PeterKryvanger en pixabay

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