«Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»
Evangelio Juan 20 1. 11 – 18
El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan: «Mujer, ¿por qué lloras?»
Ella les contesta: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice: «Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.»
Jesús le dice: «¡María!»
Ella se vuelve y le dice: «¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!»
Jesús le dice: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: «Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro.»»
María Magdalena fue y anunció a los discípulos: «He visto al Señor y ha dicho esto.»
La imagen es de StockSnap en pixabay
Reflexiones relacionadas
Las apariciones de Jesús

Jesús, recién resucitado, se aparece a María Magdalena. A esa María, pecadora tiempo atrás, que le había seguido y había permanecido fiel a él hasta el final, en que se mantuvo firme al pie de la cruz.
Jesús fue rompedor por la doctrina que nos trajo. Fue rompedor por su preferencia por los débiles. Fue rompedor por mantener siempre una actitud de acogida hacia los excluidos de la sociedad. Y, sin duda, fue rompedor porque en una sociedad tan machista como la de aquel entonces, supo dar a la mujer el sitio que siempre debió tener.
Deja una respuesta