«La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes lo que te va a tocar». La frase no es original mía; la decía Tom Hanks en Forrest Gump: una película preciosa, en la que su protagonista -un chico de Alabama con una leve discapacidad intelectual- vive una vida en la que las etapas difíciles y las etapas de éxito se alternan continuamente. En la película, a pesar de su discapacidad, Forrest Gump protagoniza algunos de los momentos clave de la historia de los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX.
Los éxitos y las dificultades también forman parte de nuestra vida. Y se alternan, como los sabores de los bombones de una caja, sin que habitualmente sepamos qué es lo que nos va a ir tocando.
A veces nos llegan éxitos, triunfos y halagos, que nos hacen sentir que la vida nos sonríe.
Otras veces son las dificultades, que salen a nuestro encuentro en forma de fracasos, enfermedades, agobios, traiciones, desamores o soledades.
Y como esto es así desde que nacemos, lo cierto es que muchos de nosotros nos hemos acostumbrado a vivir siempre preparados para lo que se pueda presentar. Atentos, resilientes, dispuestos a surfear las olas que vengan. Cuando llegan los éxitos disfrutamos de ellos. Y cuando son las dificultades las que llaman a nuestra puerta nos venimos arriba, trabajamos haciendo todo lo que podemos para salir adelante y pedimos «refuerzos» al Cielo, para que ese Dios que es, sobre todo, Padre, ponga lo que a nosotros nos falte.
Los éxitos y las dificultades siempre formarán parte de nuestra vida. Y es importante que sepamos vivirlos:
Las dificultades son experiencias de las que podemos aprender, que nos pueden ayudar a crecer, que nos pueden ayudar también a poner en valor las cosas buenas que tenemos y nos pueden acercar al Cielo. En cualquier caso, lo más sensato es tratar de recuperarnos lo más pronto posible para poder seguir adelante.
Los éxitos, especialmente si son continuados, nos hacen sentir que la vida nos sonríe. Pero nos pueden hacer sentir también que son merecidos, que nos los hemos ganado y que se dan, exclusivamente, nuestros méritos. Y eso nos puede llevar muy fácilmente a dejar de sentir esa mano del Cielo que los hace posibles. Nos pueden llevar a desentendamos de Dios y a desentendernos, también, de los demás. Por eso es importante que no dejemos que se nos suban demasiado a la cabeza.
Termino este post con un pequeñísimo video subido por Capitán Videofórum a Youtube con la célebre escena con la que arranca la película «Forrest Gump»
La imagen de la cabecera es de despw20100 en pixabay
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