Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados»
Evangelio Mateo 9, 1 – 8
Subió Jesús a una barca, cruzó a la otra orilla y fue a su ciudad. En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados». Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema». Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”». Se puso en pie y se fue a su casa. Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad.
La imagen es de StockSnap en pixabay
Reflexiones relacionadas
El arte de la perseverancia

A lo largo de la vida las personas vamos pasando por distintas etapas. En algunas todo nos va bien y sentimos que la vida nos sonríe. En otras, por el contrario, parece que las dificultades y los problemas se nos amontonan por todas partes. Cuando esto pasa, suele instalarse en nuestro corazón la tentación de tirar la toalla. Pero no debemos caer en ella; más bien debemos ser resilientes y practicar el arte de la perseverancia.
Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa

Algunos de nosotros, atrapados por las muchas ataduras del mundo, vivimos como paralizados. Nuestras dependencias, el qué dirán, las prisas, el apego a las cosas materiales y, sobre todo, nuestros miedos, nos impiden avanzar de una manera decidida en el estilo de vida que nos propuso Jesús. Y le pedimos ayuda: que nos muestre el camino para liberarnos de esa parálisis que nos impide alejarnos de la mediocridad.
Deja una respuesta