El título de este post lo he tomado prestado de una canción de Jarabe de Palo. Una canción tremendamente inspiradora, que invita a vivir intensamente, invita a aprovechar nuestros días para lo que de verdad importa y, sobre todo, invita a vivir desde un profundo agradecimiento.
La canta Pau Donés, líder de Jarabe de Palo, ya muy enfermo de cáncer, y es una especie de testamento vital. No fue escrita a Dios, aunque, por lo que dice su letra, bien podía haber sido así.
Porque los cristianos -y quienes aspiramos a serlo- deberíamos vivir siempre desde un profundo agradecimiento a Dios:
Agradecimiento por tanto como hemos recibido. Incluso antes de haberlo pedido. Incluso antes de haberlo soñado. Y no porque lo merezcamos, precisamente. Los talentos con los que hemos nacido -que tantas veces no valoramos porque desde siempre nos han acompañado- y las cosas que desde el Cielo nos van regalando a lo largo de nuestra vida -familia, salud, amigos o buenos ratos- no las recibimos por méritos propios. Que aquí, el que más y el que menos, todos tenemos muchas miserias que callar. Pero Dios, a pesar de ellas, nos da lo que más nos va conviniendo por lo mucho que nos quiere.
Agradecimiento por tanta ayuda como nos presta cuando las cosas no nos van todo lo bien que nos gustaría. Dios jamás nos falla cuando nos acercamos a Él en busca de consuelo, en busca de ayuda, en busca de perdón, en busca de luz para saber qué hacer o en busca de fuerzas para seguir luchando. Siempre salimos consolados, atendidos, perdonados, alumbrados o con fuerzas renovadas. Y salimos también sabedores de que, resulte lo que resulte, estamos en las mejores manos.
Agradecidos por la oportunidad de vivir, por la oportunidad de poder disfrutar y atender a las personas a las que más queremos y también a tantas otras que van pasando a nuestro lado en el camino de la vida. ¿Por qué no vivir cada día como la oportunidad única que es? ¿Por qué dar por sentado que tendremos muchos años por delante? ¿Cómo es posible que nos dejemos liar una y otra vez con los espejismos del mundo? ¿Por qué no centrar de una vez nuestra vida en lo que de verdad importa? ¿Por qué no poner en valor tantas cosas buenas como tenemos en la vida, apreciarlas como el tesoro que son y disfrutar intensamente de ellas mientras las tengamos con nosotros? ¿Por qué no saborear incluso esas pequeñas grandes cosas del día a día, que tantas veces permitimos que nos pasen desapercibidas?
Vivir desde el agradecimiento debe ser nuestra actitud vital. Una actitud que nos haga reconocer la generosidad con la que hemos sido regalados. Y nuestra pequeñez ante la imposibilidad de poder corresponder por mucho que quisiéramos. Una actitud que nos arranque el deseo de querer ser igualmente generosos con los que nos rodean. Una actitud generadora de optimismo y de mucha, mucha ilusión. Que buena falta hace en esta sociedad nuestra que está tan tocada.
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