Evangelio del día Imagen agosto 2019

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad!

Evangelio Mateo 23, 23 – 26

Dijo Jesús: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera»

La imagen es de katrina_S en pixabay

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La hipocresía

La hipocresía está muy extendida en nuestra sociedad. Tanto, que todos conocemos ejemplos de personas que buscan aparentar una bondad que realmente no les brota del corazón ni se corresponde con muchas de sus obras, de personas que buscan aparentar tener una posición social que realmente no tienen o de personas que buscan aparentar una felicidad que realmente no viven.   

Según la wikipedia,  la hipocresía viene del deseo de esconder a los demás nuestros motivos reales o sentimientos: no se trata simplemente de inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace sino que implica falsedad, puesto que eso que se quiere aparentar, buscando la propia gloria, está alejado de la realidad

Cuidado con la hipocresía

Uno de los grandes males de nuestra sociedad es la hipocresía: eso que nos lleva a mostrar a los demás una versión de nosotros mismos que no se corresponde con lo que realmente somos, lo que realmente vivimos o lo que realmente llevamos en el corazón.

Es relativamente fácil que quienes nos rodean lleguen a creerse esa versión de nosotros que les mostramos. Incluso es posible que consigamos hasta engañarnos a nosotros mismos. A quien de ninguna manera podremos engañar jamás es a Dios

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