Murmuraciones y cotilleos

Las murmuraciones y cotilleos son críticas destructivas. Son comentarios que nacen de sentimientos negativos como la envidia, los celos o el rencor y suelen buscar el desprestigio de la persona sobre la que se murmura. Penoso.

Las murmuraciones y los cotilleos existen desde que el mundo es mundo y ya en el Evangelio nos encontramos algunos casos:

Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos»

Evangelio Lucas 15, 1 – 2

Fariseos y escribas habían sido hasta ese momento los directores espirituales indiscutibles del pueblo, que ahora estaba abriendo su corazón a la doctrina de Jesús. Fariseos y escribas, lejos de tratar de comprender los porqués de Jesús y el fondo de su doctrina, lejos de querer conocer la Verdad, ven en Jesús y en su mensaje una amenaza a su modo de vida: ven peligrar su estatus social.

Y, como no consiguen acabar con él yendo de frente porque ni su doctrina ni su comportamiento tenía fisuras desde las que poder enfrentarlo, deciden, ruines, atacar por detrás: desde la murmuración, desde el cotilleo y desde la mentira, acometen contra el merecido prestigio del Maestro. Prestigio que éste se había forjado gracias a su sabiduría, gracias a la sencillez y profundidad de su mensaje, gracias a su valentía, gracias a su misericordia y gracias a la coherencia con la que vivía el mensaje que predicaba.

El comportamiento de muchos de nosotros no está lejos del de los fariseos y escribas de entonces:

Porque también nos gusta, como a ellos, ocupar, competitivos, los primeros puestos. ¿Nos creeremos alguna vez que los hombres son más grandes cuanto más aman y, por lo tanto, cuanto más sirven? Las reglas del juego del Cielo son distintas de las que regulan las relaciones entre las personas aquí en la tierra.

Porque nos gustan tanto como a ellos, las riquezas. Y aunque la riqueza en sí misma es una circunstancia que no es ni buena ni mala, lo cierto es que con frecuencia termina robando el corazón de quien la posee: su peligro reside en que su dueño suele terminar esclavizado por ella y poniendo en ella toda su confianza, en lugar de depositarla en Dios.

Porque en ocasiones, consciente o inconscientemente, atacamos al otro desde la murmuración y el cotilleo en lugar de decirle las cosas frente a frente. Sin buscar, desde la buena intención y mediante una crítica constructiva, ayudarle a mejorar.

Es bueno reflexionar sinceramente acerca de si éste es un comportamiento habitual en nosotros, si lo tenemos ocasionalmente o si, por el contrario, somos personas que siempre vamos de frente, desde el respeto y la honestidad, buscando una conversación cara a cara con quien sentimos que no se ha portado con nosotros o con los demás como debiera haberlo hecho.

Si tras una reflexión sincera nos vemos obligados a reconocer que convivimos con la murmuración más que lo deberíamos, debemos analizar los porqués. ¿Qué sentimientos son los que hay detrás de nuestro comportamiento?, ¿rencores?, ¿envidias?, ¿celos?

Siempre estamos a tiempo para volvernos a ese Dios que, sobre todo, es Padre. Siempre estamos a tiempo para pedir perdón y ser perdonados. Y siempre estamos a tiempo para volver a empezar, haciendo del amor nuestro estilo de vida.

La imagen es de mohamed_hassan en pixabay

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.