Evangelio apc Oración en comunión

Aquí en la tierra buscamos pasar tiempo con las personas que queremos para ponernos al día, para compartirles alegrías, penas, preocupaciones o inquietudes, para pedirles consejo, para buscar su consuelo, para pedirles ayuda si la necesitamos o, simplemente, para disfrutar de su compañía.

La oración es algo que nos permite relacionarnos con la familia del Cielo de la misma manera que nos relacionamos con las personas a las que queremos aquí en la tierra. A ellos también podemos compartirles lo que llevamos en el corazón, sea lo que sea. De ellos también podemos recibir consuelo, consejo, inspiración o ayuda. Y, por supuesto, también podemos, simplemente, disfrutar de su compañía.

Por alguna extraña razón que a mí se me escapa, muchos de nosotros no damos a la oración el valor que realmente tiene. Quizás porque nos limitamos a repetir unas frases de memoria de un tirón. Quizás porque nos dispersamos. Quizás porque lo sentimos como una conversación en una única dirección. Posiblemente porque no hemos llegado a tener una relación estrecha con la familia del Cielo.

Pero Jesús le daba importancia, y mucha. Muchísima. Para él era una necesidad el encontrar espacios en los que estar a solas con el Padre. Y los encontraba a pesar de lo ocupadísimo que pasaba los días atendiendo a todos los que salían a su encuentro y predicando su mensaje. Porque la oración lo fortalecía y porque a través de la oración el Padre le indicaba los pasos que debía ir dando para cumplir su plan. Tan importante era el contar con estos espacios que en muchas ocasiones se los restaba a las horas de sueño.

Hay una forma de oración, quizás menos común, quizás menos conocida, que es la oración en comunidad. Y lo cierto es que se trata de una forma de oración especialmente valiosa, a la que el mismísimo Jesús nos invitó:

«Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Evangelio Mateo 18, 19 – 20

Es especialmente valiosa esta forma de oración porque es también una forma de caridad; una forma de apoyarnos; una forma de demostrarnos amor unos a otros.

La oración en comunión facilita, en un solo acto, hacer vida la doctrina de Jesús en sus dos direcciones: el amor a Dios y el amor a los hombres.

Y cuando es el amor lo que nos une, es el mismísimo Jesús quien nos une. Es su Espíritu el que nos entrelaza con unos lazos más fuertes, incluso, que los lazos de la sangre.

¡Cómo va a resistirse el Padre a una oración así! ¡Cómo no va a tener fuerza una oración así! ¡Cómo no va a mirar con buenos ojos a esos hijos suyos que piden desde el amor a Él y el amor entre ellos y que le están presentando lo que llevan en el corazón de la mano de su Hijo!

No significa esto que no todo lo que pidamos en oración común nos será concedido. No. Dios nos concederá, como no puede ser de otra manera, lo que más convenga en cada caso. Y en el momento que resulte más conveniente.

Pero sabemos también que Dios, sobre todo, es Padre. Sabemos que tiene entrañas de misericordia. Sabemos de muchísimo que nos quiere. Sabemos que en ocasiones incluso cambia sus propios planes para favorecernos. Sabemos de la fuerza de la oración en comunión. Y sabemos que siempre, siempre, siempre somos escuchados.

Esperemos sus respuestas desde la Fe.

2 comentarios

  1. Ya decía Aristóteles que la vida humana es radicalmente social, por lo que solo puede encontrar su plenitud en la práctica de actividades sociales, a las que sin duda pertenece la oración en comunidad, que, además, como dice Jesús, adquiere así un valor mayor en sí misma.

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