Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla»
Evangelio del día 1 de agosto de 2026 – Evangelio Mateo 14, 1 – 12
En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de la fama de Jesús, y dijo a sus criados: «Ese es Juan el Bautista; él ha resucitado de entre los muertos, y por eso actúan en él fuerzas milagrosas».
Es que Herodes había prendido a Juan, le había encadenado y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo. Porque Juan le decía: «No te es lícito tenerla». Y aunque quería matarle, temió a la gente, porque le tenían por profeta.
Mas llegado el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio de todos gustando tanto a Herodes, que éste le prometió bajo juramento darle lo que pidiese. Ella, instigada por su madre, «dame aquí, dijo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». Entristecióse el rey, pero, a causa del juramento y de los comensales, ordenó que se le diese, y envió a decapitar a Juan en la cárcel. Su cabeza fue traída en una bandeja y entregada a la muchacha, la cual se la llevó a su madre. Llegando después sus discípulos, recogieron el cadáver y lo sepultaron; y fueron a informar a Jesús.
La imagen es de John-Mark Smith en pexels
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Preparar el camino

Juan supo comprender qué es lo que Dios quería de él. Supo, cuando llegó el momento, salir a predicar, supo proponer un bautismo de conversión y vuelta a Dios y supo también, llegada la hora, retirarse a un segundo plano para dejar que fuera Jesús quien ocupase la primera posición.
Su cometido lo tuvo más que claro: él tenía que ser el puente entre la espiritualidad reinante entonces – compuesta por más de 600 preceptos y Leyes – y la propuesta que poco después traería Jesús, que de una manera muy didáctica resumiría en algo tan sencillo y tan hondo a la vez como el amor a Dios y el amor a los hombres.
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