Id a reparar las redes fue una de las peticiones que hizo León XIV a los asistentes al Jubileo de influencers católicos y misioneros digitales que tuvo lugar hace tan solo unos días en Roma.

Jesús llamó a sus primeros apóstoles mientras reparaban sus redes de pescadores.

Y nosotros hoy, siglos después, somos llamados a reparar -o más bien, a reconstruir- nuestras redes:

Somos llamados a reparar las redes digitales.

En las redes digitales a día de hoy abundan las medias verdades, la polarización, la frivolidad, el individualismo y el egocentrismo. Y son redes que en algún momento nos pueden llevar a sentir que estamos rodeados de amigos, aunque lo cierto es que en ellas lo que abunda es la soledad.

Pero las redes digitales en sí mismas no son malas. Lo que las hace buenas o malas es el uso que hacemos de ellas. Y lo cierto es que, bien utilizadas, pueden contribuir enormente a tejer y a mantener relaciones reales, sin filtros, en las que se alivien soledades y se construyan puentes.

Está en las manos de quienes las utilizamos hacer un uso responsable de ellas y promover que otros también lo hagan.

¿Por qué no utilizarlas como canal desde el que acercarnos, de verdad, al otro, hacer una escucha activa, extender la cultura del cuidado y la cultura amor e incluso llevar a Dios a quienes estén en búsqueda?

Somos llamados a reparar las redes del mundo real.

En una sociedad que tiene mucho de individualista, quienes queremos seguir a Jesús y hacer vida su Evangelio estamos llamados a construir relaciones profundas, de intercambio gratuito, de amistad auténtica.

Los amigos son personas a las que elegimos para que vayan a nuestro lado en el camino de la vida. No los elegimos ni por interés, ni por conveniencia. Los elegimos porque queremos compartir nuestra vida con ellos. Sabiendo que no son perfectos, sino que son personas de carne y hueso con sus virtudes, sus defectos y sus limitaciones. Como nosotros. Es bueno que los conozcamos bien, que tengamos claro qué podemos esperar de ellos y que los cuidemos como el tesoro que son.

Así lo hizo Jesús, que no eligió como amigos ni a los hombres más influyentes, ni a los más eruditos ni a los más virtuosos… se rodeó de gentes sencillas, con sus limitaciones y con ellos compartió su vida, con ellos compartió su doctrina y a ellos confió la tarea de extender el Evangelio por el mundo entero.

Solo escogeremos como amigos a algunas de las personas de las muchas que van pasando por nuestra vida. Pero quienes queremos seguir a Jesús y hacer vida su Evangelio estamos llamados a mirar a todas las personas desde el amor, cultivando relaciones que nos lleven al cuidado del otro siempre que haga falta. También de su vida espiritual cuando sea el caso.

La nuestra no es una religición de mínimos sino de máximos.

En palabras del papa León XIV, estamos llamados a ser agentes de comunión y a construir única e inmensa red: la red de redes, la red de Dios.

Dejo aquí enlazado el discurso completo que pronunció el papa y a continuación, dejo detalladas sus palabras sobre las redes:

Y esto nos lleva a un tercer llamado y por eso les hago un llamado a todos ustedes: “que vayan a reparar las redes”. Jesús llamó a sus primeros apóstoles mientras reparaban sus redes de pescadores (cf. Mt 4,21-22). También lo pide a nosotros, es más, nos pide hoy construir otras redes: redes de relaciones, redes de amor, redes de intercambio gratuito, en las que la amistad sea auténtica y sea profunda. Redes donde se pueda reparar lo que ha sido roto, donde se pueda poner remedio a la soledad, sin importar el número de los seguidores —los follower—, sino experimentando en cada encuentro la grandeza infinita del Amor. Redes que abran espacio al otro, más que a sí mismos, donde ninguna “burbuja de filtros” pueda apagar la voz de los más débiles. Redes que liberen, redes que salven. Redes que nos hagan redescubrir la belleza de mirarnos a los ojos. Redes de verdad. De este modo, cada historia de bien compartido será el nudo de una única e inmensa red: la red de redes, la red de Dios.

Sean entonces ustedes agentes de comunión, capaces de romper la lógica de la división y de la polarización; del individualismo y del egocentrismo. Céntrense en Cristo, para vencer la lógica del mundo, de las fake news y de la frivolidad, con la belleza y la luz de la verdad (cf. Jn 8,31-32).

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