Después de un curso en el que muchos de nosotros hemos tenido más trabajo, más responsabilidades y más problemas de los que hubiéramos querido tener, llega por fin, para buena parte de nosotros, el momento de tomarnos unos días de descanso.

Serán unos días en los que podremos levantarnos sin despertador, podremos tener unos horarios relajados, viviremos con más flexibilidad y podremos disponer de nuestro tiempo.

Un lujazo.

Unos aprovecharán su tiempo para viajar, otros aprovecharán para practicar algún deporte o disfrutar de sus hobbies, otros aprovecharán para quedarse en casa y simplemente parar y otros aprovecharán para distrutar de la familia o de los amigos.

Desconectar por unos días de nuestras responsabilidades cotidianas nos ayudará a muchos a reponer fuerzas y a volver con las pilas cargadas.

De lo que no deberíamos desconectar ninguno de nosotros es de nuestra Fe.

Estos días, en los que no sufriremos la tiranía de nuestras agendas y en los que además estaremos relajados, tranquilos y mucho más receptivos, son ideales para pasar más tiempo con Dios. Tiempo frecuente, tiempo de calidad, tiempo sin prisa, tiempo de compartir sin más, tiempo de querer y tiempo de dejarnos querer.

Dios también se va de vacaciones. Se va con cada uno los que aprovechen para salir y cambiar de aires y se quedará con quienes estos días los vayan a pasar en casa. Lo mismo le da. Pasará este tiempo con nosotros, si es que nosotros queremos pasarlo con Él.

Eso sí que es un privilegio. Eso sí que reconforta. Eso sí que nos ayudará a volver renovados. Es algo que está al alcance de todas las personas y de todos los bolsillos. Porque es gratuito y es, también, tremendamente valioso. Tan valioso, tan valioso, que si tuviera precio ninguno de nosotros podríamos pagarlo. Aprovechémoslo como el tesoro que es.

«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo» (Evangelio Mateo 13, 44)

Volveremos después a retomar nuestras responsabilidades y nuestra actividad renovados por fuera y renovados también por dentro. Y listos para empezar un nuevo curso que volverá a estar lleno de desafíos. Esa es en realidad nuestra vida; la de verdad; la que vivimos once de los doce meses del año. En ella estamos a llamados a amar, a florecer, a vivir desde el compromiso, a ser felices y a hacer felices a quienes nos rodean. A pesar de sus muchas dificultades.

Pero ahora, de momento, lo que toca es descansar.

1 comentario

  1. Gracias Marta, que sí que es verdad, que Jesús también se viene de vacaciones con nosotros y cuánto nos va a revelar al abrirle el corazón. Felices vacaciones!

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