Segunda estación. Jesús carga con la Cruz
Tras el juicio de Poncio Pilato los soldados se llevaron a Jesús al pretorio, lo desnudaron, le pusieron un manto púrpura y le pusieron una corona de espinas. Se burlaron de él, le escupieron y le golpearon.
Sobrecoge pensar en la maldad de aquellos soldados. ¿Cómo es posible que pudieran disfrutar haciendo sufrir a una persona de esa manera tan sumamente cruel y tan sumamente dolorosa?
Sobrecoge también pensar en la bondad de ese Jesús, que siendo tan hombre como cualquiera de nosotros supo soportar un terrible dolor físico porque sabía que todo aquello formaba parte del plan de Dios y era necesario para nuestra salvación. Posiblemente fuera aún mayor el dolor de su alma, que a buen seguro tenía deshecha tras saberse tan injustamente juzgado, vejado, traicionado por Judas, negado por Pedro y abandonado por los suyos.
Solamente con un amor incondicional se puede acceder voluntariamente a soportar un sufrimiento tan grande. Un amor incondicional al Padre. Y un amor incondicional a la humanidad. ¡Cuánto deseaba que todos nosotros llegásemos a ser uno con Él y con el Padre!
Había pasado sus tres años de vida pública predicando la doctrina del amor y fue coherente con aquello que predicaba hasta sus últimas consecuencias.
Terminada la burla de los soldados lo cargaron con la cruz en la que sería crucificado.
La vida de quienes queremos seguir a Jesús y hacer nuestro su Evangelio no está exenta de problemas, de preocupaciones, de injusticias, de desamores, de dudas, de caídas, de fracasos, de miedos o de decepciones. ¿Cómo enfrentamos y con qué actitud vivimos nosotros con esas cruces no deseadas con las que nos vemos obligados a convivir? Como nuestro Maestro, estamos llamados a vivirlas desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres, nuestros hermanos.
Y, cargando él mismo con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota)
Evangelio Juan 19, 17
Tercera estación. Jesús cae por primera vez
Las caídas de Jesús son, sin lugar a dudas, un símbolo de su sufrimiento y de la carga que llevó por toda la humanidad.
Nosotros, como nuestro Mastro, a veces no podemos más y también caemos. Muy especialmente en esas etapas en las que el cansancio, los problemas y los agobios nos desbordan y nos hacen pensar en tirar la toalla y abandonar, dejando que sean otros los que continúen tirando de un carro que se nos hace demasiado pesado.
Debemos aprender de Jesús, que supo sacar fuerzas de donde no las tenía para levantarse y continuar su camino. Seguro de que todo tenía un porqué y un para qué. Poniendo toda su confianza en ese Dios que es, sobre todo, Padre.
Nosotros también podemos levantarnos tras las caídas y podemos cargar de nuevo con las cruces que cada uno tenemos, para continuar avanzando en ese camino del amor que estamos llamados a recorrer.
La imagen es de JESUS_is_our_only_HOPE en pixabay
GRACIAS por ayudarme con tus comentarios semanales a “continuar avanzando en el camino del Amor que estamos llamados a recorrer”
es la fuerza que me da!!!
Muchas gracias Marta, qué acierto más bonito tus reflexiones sobre el Via Crucis en este tiempo de Cuaresma!
…»Y cargando Él mismo con la cruz», vamos a ayudarle para llegar a la Pascua.