Acabamos de empezar la Cuaresma: un tiempo muy especial del año litúrgico en el que se nos invita a preparar nuestros corazones para la Pascua de Resurrección.

¿Por qué no tratar de prepararnos en esta ocasión a través del Vía Crucis?

Comenzando con este este post y continuando con los post de las próximas semanas (hasta el Jueves Santo) os iré proponiendo reflexionar sobre la pasión de Jesús apoyándonos, precisamente, en las estaciones del Vía Crucis:

  1. Jesús es condenado a muerte
  2. Jesús carga con la Cruz
  3. Jesús cae por primera vez
  4. Jesús encuentra a María, su Madre
  5. Simón de Cirene ayuda a llevar la Cruz de Jesús
  6. Verónica limpia el rostro de Jesús
  7. Jesús cae por segunda vez
  8. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén
  9. Jesús cae por tercera vez
  10. Jesús es despojado de sus vestiduras
  11. Jesús es clavado en la Cruz
  12. Jesús muere en la Cruz
  13. Jesús es bajado de la Cruz y puesto en brazos de su Madre
  14. Jesús es sepultado

Primera estación. Jesús es condenado a muerte

Después que Jesús fue arrestado lo llevaron ante el Sanedrín, tribunal religioso judío, donde fue acusado de blasfemo por declararse Hijo de Dios. Como el Sanedrín no tenía autoridad para ejecutar una pena de muerte, necesitaba de la aprobación de las autoridades romanas, ya que Judea estaba bajo el dominio del Imperio Romano.

Y así, los líderes religiosos judíos llevaron a Jesús ante Poncio Pilato, gobernador romano de la región, para que fuera él quien decidiera su destino.

Pilato no encontró motivo suficiente para condenarlo, pero cedió ante la presión de la multitud: no fue capaz de tomar la decisión correcta para no tener que enfrentarse ni a los fariseos ni al pueblo. Fue un cobarde que escogió quedar bien a los ojos de aquellos hombres para no salir él mal parado, aunque costara la vida de una persona buena.

Y se lavó las manos delante de todos, haciendo ver que con ese gesto se quitaba la responsabilidad de la decisión tomada.

A día de hoy, siglos más tarde, se nos hace inadmisible la actuación del Sanedrín y la actuación de Poncio Pilato. Pero ¿somos acaso nosotros mejores que ellos?

¿Buscamos la justicia por encima de todo, aún en aquellos casos en los que nosotros podemos salir mal parados? ¿No nos lavamos las manos y miramos para otro lado cuando nos resulta conveniente?

¿No cedemos nunca ante esa presión social que a veces resulta tan poderosa?

¿Buscamos quedar siempre bien a los ojos de Dios en lugar de quedar bien a los ojos de los hombres?

Conviene que los cristianos seamos valientes, como lo fue nuestro Maestro. Ese Jesús que siempre fue justo y siempre defendió la misma verdad, incluso cuando no le favoreció. Supo entender cuál era la voluntad de Dios y, tras ser ajusticiado, se dispuso a enfrentar la terrible pasión que tenía por delante.

Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús respondió: «Tú lo dices». Y mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó: «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?». Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato: «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?». Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él». Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. El gobernador preguntó: «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?». Ellos dijeron: «A Barrabás». Pilato les preguntó: «¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: «Sea crucificado». Pilato insistió: «Pues, ¿qué mal ha hecho?». Pero ellos gritaban más fuerte: «¡Sea crucificado!». Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo: «Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!». Todo el pueblo contestó: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!». Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. 

Evangelio Mateo 27, 11 – 26

6 comentarios

  1. Esta idea del Vía Crucis me parece magnífica. Su escenificación litúrgica bien relatada y cantada es emocionante.

  2. ¡Qué buena iniciativa, Marta!
    Gracias por acompañarnos en esta Cuaresma e invitarnos a una contemplación distinta y más profunda en este tiempo.

  3. Marta ,a mi también me parece genial la idea de meditar el via Crucis cada viernes de cuaresma, gracias por compartirlo

  4. Marta muchas gracias por la excelente idea de meditar estas semanas de Cuaresma sigueindo el Via Crucis. Esta primera me ha servido mucho.

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