El camino del amor que estamos llamados a recorrer es largo y nuestros avances van, muchas veces, a trompicones. Y es que tenemos algunos malos hábitos tan arraigados, que son difíciles de cambiar. Uno de ellos es, sin duda, el interés: eso que nos lleva a actuar pensando fundamentalmente en nuestra propia conveniencia.

El interés es algo tan común entre nosotros que lo tenemos normalizado y nos acompaña en todos los ámbitos de nuestra vida. Y guía nuestros pasos cuando nos relacionamos con otras personas, de la misma manera que los guía cuando nos relacionamos con Dios.

Y así, son pocas las veces que nos acercamos a Dios para estar con Él sin más, disfrutar de su compañía, compartirle nuestro día, nuestras inquietudes o nuestras alegrías. Pero siempre nos acordamos de Él cuando necesitamos su ayuda para salir adelante. En esos casos nos acercamos a Dios Padre con Fe y pedimos. Pedimos con todas nuestras fuerzas consuelo, fortaleza, luz, que nos resuelva los problemas o lo que quiera que necesitemos.

Pedimos con Fe y nos ponemos en sus manos esperanzados, adelantando en nuestro corazón que todo resolverá favorablemente y que el final sea feliz.

Pero vivir desde la esperanza puede ser mucho más que eso. Vivir esperanzados puede ser una forma de vida. Una actitud. Una disposición del corazón que vaya siempre con nosotros, y no solamente cuando estamos a la espera de que se resuelva favorablemente aquello que le tengamos pedido a Dios.

Vivir esperanzados es vivir con una mirada optimista (que no naif). Una mirada que nos lleva a ver el lado bueno de las cosas a pesar de las dificultades y nos lleva también a ver oportunidades donde otros solamente ven problemas.

Vivir esperanzados nos lleva a vivir desde el compromiso, siempre remangados y siempre trabajando, pero siempre también adelantando que, contando con Dios en la retaguardia, todo se resolverá de la mejor manera posible. Esa certeza, que está tan anclada en la Fe, es tan poderosa que disminuye enormemente nuestras inseguridades y nuestros miedos y termina por volvernos valientes.

Vivimos esperanzados cuando hemos tenido experiencia de Dios en nuestra vida. Una experiencia que nos hace conscientes de lo mucho que nos ha sido regalado, no por nuestros méritos sino por lo mucho que el Padre nos quiere. ¿Cómo no vivir desde un profundo agradecimiento por tanto?

Vivir esperanzados nos lleva a vivir soñando que, ya en nuestro paso por este mundo, iremos siendo cada vez más hijos del Cielo.

«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre»

Evangelio Mateo 7, 7 – 8

3 comentarios

  1. Buen día. Muchas gracias por la reflexion del día de hoy. NECESITAMOS VIVIR ESPERANZADOS, … y ser esos PERERINOS DE LA ESPERANZA

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