«Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra»
Evangelio Mateo 5, 4
Mansedumbre es la virtud que modera la ira y sus efectos desordenados. Es una forma de templanza que evita todo movimiento desordenado de resentimiento por el comportamiento de otro. *
No es la mansedumbre la principal aspiración que debemos de tener los cristianos. Nuestra principal aspiración ha de ser la de vivir, tal y como nos enseñó Jesús, desde un profundo amor a Dios y un profundo amor a los hombres.
Pero no es menos cierto que la mansedumbre ayuda -y mucho- a vivir desde el amor:
Porque en la persona mansa no caben el rencor ni las revanchas. Sentimientos terribles que, sin duda, a quien más daño hacen es a quien los lleva en el corazón.
Porque en la persona mansa no caben ni la arrogancia ni la soberbia. Tampoco cuando las cosas le van bien a los ojos del mundo. Más bien es consciente de los talentos que le han sido regalados desde el Cielo y se siente agradecida por ellos.
Porque la persona mansa tiene una clara orientación al perdón de quien no se ha portado con ella como debiera haberlo hecho.
Porque la persona mansa tiene facilidad para negarse a sí misma, anteponiendo las necesidades de los demás a sus propias necesidades, apetencias o conveniencias.
La mansedumbre es una virtud que está muy relacionada con otras virtudes con las que, en cierto modo, se entreteje:
La mansedumbre es una virtud muy relacionada con la virtud de la paciencia. Esa paciencia que tantas veces nos falta en este querido mundo nuestro, en el que siempre vamos con prisas.
La mansedumbre es una virtud muy relacionada con la virtud de la humildad, que nos hace conscientes de nuestras debilidades y nos hace fácil acudir a Dios cuando hemos hecho las cosas mal, cuando fracasamos o cuando creemos que no vamos a poder con los retos que tenemos por delante.
La mansedumbre es una virtud muy relacionada con la confianza. Confianza a pesar de todo. También cuando las cosas no nos van todo lo bien que nos gustaría. También cuando no nos sentimos seguros. También cuando no vemos luz al final del túnel.
Hay una clara frontera entre la persona mansa y la persona tonta, que deja que abusen de ella y de quienes están en condiciones más desfavorecidas. Desde el Cielo se nos invita a ser sagaces como serpientes y sencillos como palomas. Dios nos quiere buenos, tan buenos que deseemos el bien para todos. Pero nos quiere también sagaces, valientes y dispuestos a plantar cara a los lobos siempre que haga falta.
La mansedumbre fue, sin duda, una de las señas de identidad de Jesús. Y tanto fue así que aceptó su pasión y su muerte en cruz, por injustas que fueran ambas cosas.
Es una virtud que, sin duda, facilita vivir en paz con uno mismo y en paz con Dios. A pesar de las dificultades.
«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera«
Mateo 11, 28 – 30
*Definición de mansedumbre de la wikipedia
La imagen es de sulox32 en pixabay
Que buena reflexión Marta!! Que bien me viene leerlo
Muchas gracias!!
Me encanta, Marta
Muchas gracias por las reflexiones de cada semana
Ciertamente ninguna virtud se puede practicar de forma aislada.
Gracias Marta por seguir ahí compartiendo tus reflexiones