Evangelio apc Niños paseando

La expresión «negarse a uno mismo» no resulta, en principio, demasiado clara. ¿Es una invitación a dejarlo todo?, ¿es una invitación a la humildad?, ¿es una invitación a ponerlo todo en manos de Dios?

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará» (Evangelio Lucas 9, 23, 24).

¿Qué quiere decir Jesús con estas palabras?       

Si hacemos una lectura rápida, puede parecer que Jesús nos está invitando a buscarnos «cruces»o sufrimientos que nos hagan llevar una carga pesada, para parecernos a él en el momento de la pasión. Pero no es a eso a lo que nos invita … felizmente. No nos pide que nos fabriquemos sufrimientos, sino más bien que  sepamos llevarlos cuando éstos se presenten o cuando sean necesarios para bien del prójimo . ¿Cómo podemos ni siquiera pensar en que a Jesús o al Padre les puede gustar vernos sufrir?. A ellos les gusta que seamos felices igual que a los padres de aquí de la tierra nos gusta que lo sean nuestros hijos.

Cuando Jesús nos dice que debemos negarnos a nosotros mismos, a lo que nos está invitando es a anteponer las necesidades de los demás a nuestras propias necesidades, apetencias o conveniencias. 

Y cuando nos invita a perder nuestra vida por su causa, nos está llamando a llevar una vida coherente con la fe y los valores que decimos tener. Lo que, en ocasiones, no resulta fácil ya que esa coherencia puede dejarnos en mala posición:  defender al débil frente a un poderoso que también a nosotros puede hacernos daño, denunciar una situación de injusticia con la que podemos jugarnos el puesto de trabajo, defender al más impopular corriendo el riesgo de provocar ese rechazo también hacia nosotros … los ejemplos podrían ser numerosísimos. La invitación de Jesús, en cualquier caso, es clara: debemos perder lo que haga falta por defender las ideas del Evangelio.

Los que así vivan, se salvarán. Jesús, tras la pasión – que aceptó sufrir por amor a nosotros – tuvo la recompensa de la resurrección. Y nos promete a nosotros que si somos capaces de vivir con la coherencia que él nos propone, anteponiendo las necesidades de los demás a las nuestras, también tendremos nuestra recompensa. No en la otra vida, que también, sino ya en ésta. Porque viviremos con esa paz que deja en el alma el hacer las cosas bien y ya desde este mundo nos sentiremos cerquita de la familia del Cielo y cuidados por ella.

La actitud contraria la reprocha Jesús muchas – muchísimas – veces en el Evangelio: no se puede querer quedar bien con todos, ni hacer la vista gorda con determinadas injusticias para no salir mal parado, ni decir verdades a medias para prosperar, ni … Esos, traicioneros, a los que Jesús en alguna otra ocasión llama «tibios», en realidad despercidician su vida puesto que no la ponen al servicio de lo único que importa y de lo único que le da sentido. Y avisa Jesús de que no les espera un buen porvenir. Ni aquí en la tierra, ni después: «el que quiera salvar su vida la perderá«.

Merece mucho la pena aceptar la propuesta de Jesús. Y entrar en el camino que nos propone, comenzando por aquello que nos resulte más cotidiano, más cercano.

La imagen es de dimasik en cathopic

7 comentarios

  1. Importante interpretación para esta desafortunada frase de san Lucas, probablemente producto de malas traducciones. A nadie se le puede pedir que «se niegue a sí mismo», sino, todo lo contrario, que «sea él mismo». Y es en este «ser uno mismo» donde, para poder serlo, quien piense que ese es su camino tiene que renunciar a otras cosas para anteponer las necesidades de los otros a las propias.

    1. Jesús, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su rango y pasó por uno de tantos. Por tanto negó su condición y aceptó la humillación y asesinato. ¿Quien no va a pensar que su camino es anteponer las necesidades del prójimo, siempre con un criterio ecuánime? Ser cristiano es renunciar a cosas, y no pocas, para alcanzar otras muy superiores. Está claro que lo primero es ser uno mismo, reconocerse hijo de Dios y criatura limitada etc, pero a continuación viene la negación de uno mismo para seguir a Cristo. Cuando Pedro le dice a Jesús «nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido», la contestación no es «Pedro Pedro, conócete primero y luego sígueme». Hay que vivir hacia fuera, hacia Dios y el prójimo que vemos como criatura de Dios; y no hacia dentro, escudriñando los entresijos de mi persona.

      1. Es muy fácil presentar un evangelio que se acomode a las exigencias personales, y que no muestre lo contrario, que es doblegar mis deseos y anhelos a los deseos de Dios. No es laceración lo que él pide; es renunciar a los placeres de la carne, cuando estos van en contravía de lo expuesto por Dios.
        la palabra de Dios expresa en Gálatas 5:16-17. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. porque el deseo de la carne es contra el espíritu, y el del espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Dios abra el entendimiento de los lectores

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