«Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua»
Evangelio del día 7 de junio de 2024 – Juan 19, 31 – 37
En aquel tiempo, los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado —porque aquel sábado era muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con Él.
Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis. Y todo esto sucedió para que se cumpliera la Escritura: ‘No se le quebrará hueso alguno’. Y también otra Escritura dice: ‘Mirarán al que traspasaron’.
La imagen es de cogerdesign en pixabay
Reflexiones relacionadas
Tengo sed

Tengo sed fue una de las últimas frases que pronunció Jesús en vida. Una frase de tan solo dos palabras, que encerraba su enorme deseo de transformar nuestros corazones y nuestras vidas. Son palabras que quedaron recogidas en el Evangelio para que nosotros, siglos más tarde, las recordásemos. Porque el corazón del ser humano, a pesar de lo mucho que ha evolucionado el mundo, lo cierto es que no ha cambiado demasiado. Y esa sed que sintió Jesús entonces, la sigue sintiendo hoy
Deja una respuesta